La entidad que nació cuando el Down era un perfecto desconocido

El centro cuenta actualmente con 16 profesionales en plantilla y estrena en O Gorgullón una sede cálida y llena de vida


pontevedra / la voz

Tener un hijo es un enorme reto y un mar infinito de emociones y dudas. Lo es para todos los padres, que desde el minuto cero se hacen miles de preguntas de difícil respuesta. Y lo es, especialmente, para quienes tienen un hijo con alguna discapacidad. Fue el caso de Manolo Pérez y algunos progenitores más con hijos con Síndrome de Down. Ellos, a principios de los años noventa, necesitaban poner en común esas todas dudas, conocerse y, cómo no, ayudarse. «En Pontevedra no había nada entonces especializado en Down, y nosotros necesitábamos algo». Fue así como nació Xuntos en una habitación que les dejaron utilizar las Anpas en la calle Pardo Bazán. Han pasado 25 años. Y han pasado muchas cosas; casi todas muy buenas. La última, que Xuntos Pontevedra estrena sede en O Gorgullón, un centro enorme, dotado de todo tipo de servicios y con una plantilla de nada menos que 16 profesionales. «Sí, somos ya como una empresa», reconocen desde la entidad.

No hay nada mejor que cruzar la puerta de Xuntos para entender la filosofía que imperó e impera: se trata de fomentar la autonomía de las personas con diversidad funcional. Y se trata de ayudarlas desde pequeñas, con la atención temprana, hasta mayores, con programas de envejecimiento activo, pasando antes por iniciativas centradas en la búsqueda del empleo o los de apoyo educativo. Lo cuenta todo, y lo cuenta con maravillosa serenidad, Paula, la coordinadora. Ella explica que la entidad cuenta ahora con 103 socios y anima a descubrir qué se hace un día cualquiera a media mañana.

Ahí empieza el viaje por una sede que huele a nuevo y que entraña calidez. En una de las aulas, Óscar y Laura teclean duro en el ordenador. Están dentro del programa de búsqueda de empleo. Así que les toca rebuscar en la Red para ir viendo las ofertas que surgen. Óscar cuenta que hizo prácticas en el sector de la limpieza y Laura -que puntualiza que es Laura Madriñán, porque en el aula hay nada menos que tres Lauras- no tiene claro qué oficio preferiría. Cerca de ellos está, precisamente, otra Laura. Ella está preparando oposiciones. Reconoce que a veces cuesta hincar los codos pero sonríe cuando piensa en las posibilidades que se le abrirían si superase las pruebas.

En la parte de abajo, toca zafarrancho en la cocina. Una de las cosas que se hace para fomentar la autonomía es visitar el supermercado y que los usuarios del centro realicen la compra. De vuelta con los comestibles, toca ponerse manos a la obra y elaborar alguna receta. Se pone un tutorial de Internet y a meter las manos en la masa y luego probar los resultados. Si uno va aula por aula, en todas hay actividad. Se aprende autonomía y se aprende la vida en mayúsculas.

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