El viajero gallego paga hasta un euro más por billete ante la falta de cercanías

Trayectos similares en Madrid, Asturias o el País Vasco, que sí disponen de un tren de proximidad, resultan más baratos


vilagarcía / la voz

«Viajeros al tren, gallegos también». Cuando Antón Reixa y sus Resentidos rescataron esta frase del acervo de seculares aldraxes hacia el país del fin del mundo, sabían lo que hacían. Difícilmente podrá expresarse mejor la sensación de humillante discriminación que caracteriza la relación de Galicia con el ferrocarril. La sentencia regresa a la actualidad gracias al pleno que se celebra mañana en Vilagarcía. El gobierno socialista de la ciudad propondrá hacer frente común para instar a la Xunta a que defienda de una vez la implantación de un tren de cercanías, al menos por lo que respecta al eixo atlántico.

La falta de un servicio de proximidad se traduce en realidades como el precio del billete: en función del lugar en el que uno se suba al tren en Galicia, estará pagando hasta un euro más que asturianos, madrileños o vascos por trayectos similares.

Desplazarse entre Madrid y Aranjuez equivale a hacerlo entre Santiago y Vilagarcía. En el más barato de los casos, el que encarna el ferrocarril regional, más lento, el tramo gallego costará lo mismo; en el tren rápido, el billete se encarecerá en 55 céntimos. Algo parecido sucede entre Vilagarcía y Pontevedra. En Guipúzcoa, el trayecto de Zumárraga a San Sebastián siempre es más asequible, pese a recorrer una mayor distancia. Una apreciación que se repite en Asturias, al analizar el servicio entre las ciudades de Avilés y Oviedo.

Plataforma antiguas en activo

Aunque el establecimiento de un cercanías puede llevarse a cabo perfectamente en la doble vía electrificada del flamante eixo atlántico, Galicia dispone de varias plataformas antiguas en activo que piden a gritos este tratamiento. El tren entre A Coruña y Ferrol es una de ellas. Otra apunta al viejo trazado entre Santiago y Vilagarcía, que bordea la ría de Arousa y cuenta con el valor añadido de recorrer prácticamente el mismo dibujo que trazó aquel primer tren, hace 145 años. Pese a sus condiciones propicias, y a la posibilidad de multiplicar las paradas para ofrecer un servicio realmente eficaz, solo dos tipos de convoyes utilizan sus vías: medias distancias o regionales.

Las consecuencias claman al cielo. Alguien que se suba al ferrocarril en Catoira con intención de llegar a Pontecesures, apenas nueve kilómetros, pagará más del doble que un tipo que cubra en cercanías los once kilómetros que separan Fuenlabrada de Leganés, en Madrid.

Nueve años y todavía sin noticias

Ahora que los controvertidos cambios en las concesiones de las líneas de autobús van prefigurando lo que será el plan de transporte público de Galicia, tal vez sea el momento de recordar que, al menos en su origen, la Xunta pretendía incluir en él un tren de cercanías. Hoy es el portavoz del Partido Popular en el Concello de Santiago. Pero en el 2009 Agustín Hernández dirigía la consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas. El conselleiro anunciaba, entonces, que su departamento pediría a Renfe la creación de una jefatura de proximidad para Galicia y la implantación de una red propia en el eixo atlántico, para el que reclamaba un «imprescindible» incremento de frecuencias.

Aunque nueve años se dirían un período razonable para que este tipo de gestiones hubiesen avanzado, poco más se ha sabido desde entonces del tren de proximidad, un ámbito competencial que continúa bajo la órbita del Ministerio de Fomento. Alguna vez se refirió al asunto Ana Pastor mientras gestionó la cartera, pero si algún resultado hubo, desde luego se desconoce.

En España funcionan una docena de servicios ferroviarios de cercanías: Asturias, Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Cádiz, Sevilla, Málaga, Madrid, Murcia-Alicante, Santander, Valencia y Zaragoza. Están haciendo sus deberes Córdoba y Valladolid. Es fácil comprobar que Galicia es la única comunidad cantábrica que carece de una prestación que, además de las peticiones que emanan del eje Vilagarcía-Santiago, como la que mañana se debatirá en la capital arousana, surge como reclamación en torno a Vigo y A Coruña, como parte de la estrategia de transporte metropolitano. De momento, sin fortuna.

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