La céntrica capilla que se convirtió en el lugar de los que menos tienen

La entidad benéfica, que tiene su puerto base en el viejo convento de las Siervas de María, cuenta ahora con un centro de día

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pontevedra / la voz

Hasta principios del siglo XXI, en la calle Joaquín Costa vivía una congregación religiosa llamada las Siervas de María que se dedicaban a atender enfermos a domicilio. Las monjas se marcharon y donaron su casa conventual a la Iglesia, que en el año 2003 se la entregó a Cáritas y al Proyecto Hombre. Han pasado catorce años desde entonces. Y ese convento se ha convertido en un punto de referencia para las personas que menos tienen: los pobres. Ahí está la sede de Cáritas Interparroquial y ahí se abrió recientemente un nuevo servicio; un centro de día para personas sin hogar operativo en horario de tarde, incluidos los fines de semana. Hacer un recorrido por las instalaciones es darse cuenta de la cantidad enorme de necesidades que hay en la ciudad.

Nada más cruzar la puerta está Socorro Vázquez. Ella es una de esas voluntarias que resultan imprescindibles para que Cáritas pueda ser lo que es. Cuenta que acude una vez a la semana y que hace de todo un poco, desde atender el timbre a recepcionar a las familias que van llegando. ¿Qué le mueve a estar ahí? «Pues que hay que ayudar, que hay muchas necesidades», dice. Así de simple y fácil de entender.

Cerca de la entrada está el nuevo centro de día. Las instalaciones no es que sean inmensas ni mucho menos. Pero el lugar, de madera, resulta coqueto y, sobre todo, tiene calor de hogar. La idea es que las personas sin techo puedan pasar en él las tardes, que se tomen una bebida caliente y tengan un lugar donde disfrutar de la lectura. Según dice María Jesús Prieto, directora de Cáritas Interparroquial de Pontevedra, la cosa funciona: «Está acudiendo bastante gente, estamos muy contentos», señala.

El centro de día está hecho de módulos y podría moverse si hiciese falta. Lo más curioso del asunto es que está metido en lo que antes era la antigua capilla de las Siervas de María. El templo, ahora vacío de imágenes, también da cabida al ropero de la entidad. Resulta curioso porque hasta el altar se utiliza. Ningún elemento sobra en un edificio en el que las necesidades se cuentan siempre al por mayor. Prieto dice que los roperos están en las parroquias, pero en esta sede tienen también uno pensado para los transeúntes. Igualmente, en la cocina también hay alimentos, aunque principalmente son las parroquias las que se encargan de distribuirlos y actualmente también se estila entregar vales para que sean las familias sin recursos las que efectúen compras en el supermercado.

En el viejo hogar de las Siervas de María, Cáritas también tiene espacio para sus oficinas. Y no son unos despachos cualquiera. En uno de ellos atiende Paula, la trabajadora social. Por ella pasa prácticamente todo. Ella se encarga, sobre todo, de escuchar las necesidades de quienes llegan por la puerta. No atiende con cita. El que llega espera a que esté libre y pasa. Escucha de todo. Dice que ahora lo lleva mejor, pero que al principio cada historia le pesaba como una losa.

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