Quejas en un centro asistencial: «Donde ingresó mi hermano tras el ictus es la casa de los horrores»

Una familia denuncia la atención que recibe un paciente en el centro Hestia Santa María


pontevedra / la voz

La vida de Fernando M. Hinojosa cambió el 10 de agosto del 2017. A sus 59 años, ese día sufrió un ictus que le afectó a la parte izquierda del cuerpo. Entre las secuelas que le dejó ese accidente cerebrovascular están una hemiplejia y una disfagia o dificultad para tragar. Este vigués fue atendido en el Hospital Álvaro Cunqueiro y después derivado al Meixoeiro. Pasó a ser una persona dependiente, aunque puede hablar.

Su hermana Victoria explica que antes del ictus Fernando, viudo, vivía con su suegra. «Esa casa tiene barreras arquitectónicas y los hermanos no podemos hacernos cargo». Fue en el Meixoeiro donde les hablaron del centro sociosanitario de Pontevedra, el Hestia Santa María, que tiene concierto con el Sergas. Fernando ingresó en el centro el 13 de septiembre. Reside en una habitación compartida y pequeña, donde la silla de ruedas entra justa por la puerta. En principio, su estancia será larga. Está a la espera de que a los seis meses del ictus, que se cumplen el 10 de febrero, valoren su grado de dependencia.

Su familia está muy descontenta con la atención que recibe en el centro de Pontevedra. Las principales quejas que relata Victoria se centran en la comida, los cuidados higiénicos y el control médico de las diversas patologías de su hermano. No ahorra calificativos. «Mi hermano tiene que comer la comida triturada, pero no sabemos exactamente lo que come. El desayuno es una masa, y la comida es casi siempre del mismo color. Un día hasta encontré un trozo de uña y me dijeron que no era», remacha.

Al margen de la alimentación, se queja del trato que algunas auxiliares brindan a los enfermos. «No es algo que me hayan contado. Estando allí oí los gritos con los que se dirigían a una señora, diría que roza el maltrato psicológico», asegura Victoria.

La hermana de Fernando, que afirma que trasladó quejas verbales al personal, añade que «pasa horas sin que le cambien el pañal y está empapada la cama y él. Normalmente lo lavan en la cama, pero el pelo tardan mucho en lavárselo». Fernando ingresó con anemia y esa falta de hierro se mantiene, según Victoria. «Tiene muchas patologías y tendría que haber un control médico estricto». La familia puso los hechos con conocimiento del director asistencial del Chuvi y no entiende cómo la Xunta no hace nada: «Donde ingresó mi hermano es la casa de los horrores. Esto no se debería consentir».

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