El camarero que le servía gin kas al príncipe Felipe

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Manuel Malleiro, que llevaba desde los años noventa regentando la discoteca Daniel, abandona por achaques de salud y porque tiene próxima la jubilación
Manuel Malleiro, que llevaba desde los años noventa regentando la discoteca Daniel, abandona por achaques de salud y porque tiene próxima la jubilación Ramón Leiro

Malleiro sigue al pie del cañón en el oficio en el que se inició a los 14 años en el desaparecido bar Palacio

24 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay que decirlo tal cual es: a José Manuel Malleiro Amoedo prácticamente le salieron los dientes detrás de la barra de un bar. José Manuel nació hace casi 60 años en Anceu, en Ponte Caldelas. Era el hijo de una mujer luchadora que le crio sola trabajando allí donde podía, daba igual que fuese en el monte que en cualquier lugar. A los catorce años, tras habérsele atravesado los estudios, se hizo necesario que ayudase económicamente en casa. Así que se desplazó a Pontevedra, donde se inició como camarero en el desaparecido bar Palacio. Comenzó trabajando por el día. Pero pronto supo que lo suyo era la noche. «De noche todos los gatos son pardos», señalaba ayer con retranca. Hablaba él desde su sitio fetiche en el mundo: la barra de la discoteca Daniel, donde empezó como camarero en 1982 y de la que es propietario desde 1990. Ahora tiene 59 años y podría ir mirando hacia la jubilación. Pero no quiere ni oír hablar de ella: «La noche es muy bonita, quema pero es bonita... yo quiero seguir aquí», dice.

José Manuel, tras los primeros años en el Palacio de Pontevedra, se marchó a Lalín. Lo hizo para trabajar en el hotel Palacio y también en la discoteca del mismo dueño, la mítica Krakatoa. Estuvo también en Barcelona trabajando en un hotel pero, a principios de los ochenta, ya andaba de nuevo por Pontevedra. Fue camarero en la mítica Shiva y un día, en 1982, la discoteca Daniel, actualmente la más antigua de Pontevedra, se cruzó en su camino. Y hasta hoy. Empezó como camarero en unos años en los que la sala se llenaba de marinos. «En invierno solo veías uniformes azul marino y en verano blancos», cuenta. Entre aquellos marinos que acudían a bailar estaba el entonces príncipe y ahora rey Felipe VI. Como camarero curtido en el oficio, a Malleiro no le hace falta pensarlo mucho para recordar qué bebía entonces el actual monarca: «Lo que tomaba él era gin kas de limón, yo le puse unos cuantos. Venía de vez en cuando y la verdad es que llamaba la atención tanto por su altura, que era tremenda, como por los escoltas que traía, que eran muy notorios», explica. Dice José Manuel que al príncipe, como a casi todos los marinos, «los ligaban, no le faltaban pretendientes nunca, estaban rodeados de chicas continuamente».

Era la época dorada de la discoteca y por allí iba también de cuando en vez el ahora presidente del Gobierno. De Rajoy también recuerda lo que bebía pero, sobre todo, se acuerda de una anécdota que, según explica, incluso había trascendido a la prensa: «Había un chaval que se acercó a Rajoy y que se hizo pasar por su escolta, aunque él no lo conocía, pero luego ya fuera del local le acabó robando. No lo podíamos creer», cuenta José Manuel, que en el año 1990, junto a otro socio, pasó de ser camarero a dueño de Daniel, ya que el anterior propietario quería cerrarla.

Va todos los días

Malleiro probó suerte también con un buen número de locales de la noche pontevedresa y de otros lugares de Galicia. La mayoría los acabó traspasando o cerrando. Pero Daniel ahí sigue, viva y coleando con casi 50 años a sus espaldas. Y él, con ella. No se pierde ni una sola noche de apertura. «Un local no funciona si tú no estás. La gente te quiere ver, si no dicen que ya te pusiste rico y que no trabajas», señala, mientras combina la entrevista con el saludo a un proveedor y, a la vez, da orden para que se coloque aquí o allá la mercancía que va llegando al local a media mañana de un día cualquiera. Dice José Manuel que por mucho que sea empresario no le caen los anillos ni por servir copas ni por hacer ningún otro menester. Así que es habitual verle a pie de obra en el local. Y sonríe cuando uno le pregunta por las anécdotas que se van acumulando en su cabeza tras tantos años de vida nocturna: «Vi tantas cosas... podría escribir varios libros. Pero siempre lo digo, que yo prefiero conocer a la gente de noche que de día. Por el día todo el mundo está estresado y nervioso, en cambio por la noche todo el mundo se relaja y se divierte... somos mucho mejores por la noche. Aquí tengo visto algo de todo, desde parejas que se rompieron a muchas que se formaron... de todo». Con la discoteca a punto de cumplir los 50 años y él cerca de los 60, José Manuel solo piensa en continuar como hasta ahora, encendiendo las luces cada noche de un local que, dice, «es como una caja de recuerdos, podría bajar las escaleras de Daniel con los ojos cerrados». Quizás se cumpla su sueño y ahí siga mucho más tiempo de la edad de jubilación. Hay otro sueño que, desafortunadamente, no se podrá cumplir. Su mujer, que trabajaba con él, falleció. Al recordarla, a José Manuel se le emociona la mirada y se entrecorta la voz.