Minifundismo municipal: un problema muy severo

La dispersión poblacional y la crisis demográfica acucian la búsqueda de soluciones que contribuyan a aminorar el número de concellos y beneficie la conurbación


La cuestión se resumiría del siguiente modo: si Galicia contrae cada año su demografía debido a la crisis de natalidad y el envejecimiento de la población, ¿no está acaso suficientemente fundamentado cuestionarse que un adelgazamiento del número de concellos (actualmente 313 en toda Galicia) aligeraría la cuantía de la factura de los servicios públicos básicos que hay que prestar a la población?

Viene a cuento la reflexión que hoy les propongo en estas líneas porque el concello pontevedrés de Cerdedo-Cotobade acaba de cumplir su primer aniversario de funcionamiento, tomando como fecha de referencia la de publicación en el BOE del decreto que puso en vigor la fusión de ambos municipios. De momento, la última de las que se barrunta que pueden producirse en Galicia en los próximo tiempos.

Despoblación galopante

Hay un argumento básico: a menor número de ciudadanos contribuyentes y a mayor dispersión geográfica con pequeños núcleos habitados -un fenómeno muy propio de nuestra tierra-, más caro resulta para una administración municipal llevar la luz, el agua, el alcantarillado o la recogida de basuras. Del mismo modo, resulta muy oneroso sufragar los gastos del personal municipal necesario o el pago de las contratas, en caso de concesión, cuando la capacidad recaudatoria decae al mismo tiempo que menguan los habitantes.

Solo en la provincia de Pontevedra, con 61 municipios, tenemos una veintena de concellos que no llegan a 5.000 habitantes lo que supone rebasar un punto crítico entre la capacidad de prestar y sostener servicios públicos. A mayor abundamiento del problema, la dispersión se evidencia en que tenemos en esta provincia casi cinco mil núcleos de población con menos de cien habitantes. Y según otro dato del Instituto Galego de Estadística, ya tenemos más de 400 aldeas completamente abandonadas.

Mancomunidades

La aportación de soluciones para semejante disparate de esfuerzos y gastos pasa por fórmulas de cohesión que pueden ser varias. Las más incipientes y extendidas por Galicia fueron las mancomunidades municipales, de las que hay más de 40. En la provincia de Pontevedra ya funcionan en el Salnés, Val do Umia o Terras de Pontevedra, por citar algunas. Pero se han limitado a mancomunar, según los casos, solo algunos servicios como la promoción turística, actividades culturales, servicios de extinción de incendios y en el mejor de los supuestos, la recogida de basuras.

Muchas operan desde hace más de una década y aunque pareciese probable pensar que podrían ser el germen de fusiones municipales, sin embargo salvo en el caso de Cerdedo y Cotobade, no han surgido más. Ambos concellos fusionados formaban anteriormente una mancomunidad denominada Conca do Lérez, en la que por cierto estaban también Campo Lameiro y Forcarei. Ambos municipios, también gobernados por alcaldes del PP, sin embargo desestimaron la invitación a sumarse a la fusión que capitanearon Jorge Cubela y José Balseiros.

Las áreas metropolitanas serían, en teoría, otra fórmula para la búsqueda de una mayor eficiencia administrativa y económica para los ayuntamientos. Pero en la práctica, su operatividad es virtual y su finalidad, cuando menos en el caso de Vigo, parece más que nada política. Abel Caballero no ha ocultado nunca que su afán es propiciar una segregación de la provincia, lo que va claramente en contra del criterio de eliminar administraciones. Al fin y al cabo tenemos sin resolver el debate sobre la desaparición de las diputaciones que tanto clamaban BNG y PSOE que ahora enmudecieron una vez que han tocado pelo y tomaron posesión de los despachos principales del Palacio Provincial.

En un reciente Foro Voz organizado en Pontevedra por este periódico y que tuve la encomienda de moderar, el politólogo y también colaborador de este diario, Xosé Luis Barreiro Rivas propuso que se trabajase en el «federalismo urbano» y citaba como ejemplo el caso de Pontevedra que, a su juicio, debería converger con los municipios vecinos de Poio y Marín hacia una fórmula de conurbación como las que ya existen en otros países tanto europeos. El exvicepresidente de la Xunta reconocía que su discurso podría sonar «escalofriante» pero que «deberemos diseñar las ciudades del futuro y adelantarnos a las necesidades de las poblaciones».

De 28 a 35 municipios

Otros profesores y pensadores en Galicia abogan por esta tendencia. Alberto Vaquero, profesor de la UVigo, publicó un trabajo en 2016 recomendando que en la provincia de Pontevedra se redujese el número de ayuntamientos a una horquilla entre 28 y 35 frente a los 61 municipios actuales. En su propuesta para rebajar la actual planta municipal, Vaquero como Barreiro Rivas y otros, sostiene que las fusiones de ayuntamientos tienen que ser voluntarias, si bien la administración tutelante (Xunta de Galicia) ha de poner en practica políticas que las fomenten. Nunca imponerlas.

Lamentablemente, pese al grosor del problema, se trata de un asunto incómodo para las fuerzas políticas mayoritarias. Es un debate que permanece latente y que de vez en cuando se retroalimenta como ahora ocurre con la efemérides de Cerdedo-Cotobade. Sería razonable que desde una óptica de país se admitiese que el minifundismo municipal hay que atajarlo y se estableciese un «pacto de autonomía» que alentase la necesaria agrupación de concellos.

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