Equus, Camawey, Carabás... ¿aún nos quedan discotecas?

Tranquilo todo el mundo. Hay salas míticas que cerraron, pero otras que resisten; Daniel lleva 50 años abierta


pontevedra / la voz

Carabás, esa mítica discoteca donde el último trago se tomaba durante tiempo y tiempo con la voz de Whitney Houston entonando la mítica banda sonora de El Guardaespaldas y años después con Luis Miguel cantando «reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer...» -la sala, como recordaba ayer su dueño, siempre mantuvo la tradición de cerrar con la misma canción, que se cambiaba pasados unos cuantos años- anunció que cierra sus puertas. Y, como siempre, el vaso puede verse medio vacío y medio lleno. Hay quien tira de pesimismo y dice que Carabás es el ejemplo palmario de que la movida pontevedresa, sobre todo la de discoteca, está finiquitada. Y hay quien ve el vaso medio lleno y habla de los locales que sobreviven en tiempos de crisis y botellón. Hagamos una cosa. Hablemos de los que cerraron y de los que todavía resisten.

Es cierto que, visitando algunos viejos templos discotequeros de Pontevedra, a uno casi le da ganas de cantar eso que dice Sabina de que «en lugar de tu bar había una sucursal de un banco Hispanoramericano». Porque en sitios donde había discos míticas como Licor Café, luego Camawey, ahora hay un banco; en donde estaba Equus apareció un supermercado y el sitio donde se ubicaba Arvenop, en Otero Pedrayo, que cerró cuando empezó la crisis, se acabó convirtiendo un local de alterne y ahora mismo cuelga el cartel de se alquila. También dijeron adiós salas como la Atlántida, en las galerías de la céntrica calle Benito Corbal. Y mucho antes cerró la mítica Pop, donde los que ahora bordean la jubilación se tomaron sus primeras copas. Estaba en la calle Padre Luis.

Pero hay algunas que resisten, muchas veces reconvertidas en nuevos locales. Es el caso de la sala Karma, que antiguamente fue ¡Way!, Las Ruinas o Vías. Estaba donde continúa dándolo todo actualmente, en la calle Riestra. También sobrevive al paso de los tiempos otra sala clásica, Shiva, que ahora se llama Jackson y que es una especie de botellódromo donde se puede llevar bebida de la calle a cambio de pagar una entrada. Por cierto, su gerente anunciaba ayer que, a raíz del anuncio de cierre de Carabás, van a aumentar sus sesiones y en vez de hacer solo la de tarde prolongarán la fiesta hasta la madrugada. También tienen el negocio enfocado a clases de zumba y de baile de novios.

La clásica entra las clásicas

Pero si hay una sala que ofrece resistencia a los tiempos esa es, sin duda alguna, Daniel. La discoteca de Daniel de la Sota lleva abierta la friolera de 50 años. De hecho, promete celebrar el aniversario a lo grande. Nunca cambió de sitio ni de nombre. Dice su dueño que, de momento, la música no cesa en Daniel.

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