La aldea navideña a la que todos los niños querrían ir está al lado de Pontevedra

Voluntarios y Concello de Barro montaron un meritorio espacio de Nadal con 500 euros de presupuesto e incontable talento

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La aldea navideña de Barro

pontevedra / la voz

El dicho es cierto: la necesidad agudiza el ingenio. Solo hace falta ir a Barro para comprobarlo. Allí, en San Antoniño, con la mitad del dinero que cuesta un móvil de última generación -se gastaron únicamente unos 500 euros- convirtieron el pazo da Crega, un coqueto espacio municipal de piedra y madera, en una aldea navideña. Es, seguramente, ese lugar al que cualquier niño querría ir en Navidad. Y está a tiro de piedra de Pontevedra.

Nada más cruzar la puerta del pazo la sorpresa ya es total. Con recursos variopintos y un incontable ingenio, voluntarios y Concello levantaron el castillo de Herodes, pusieron un oasis con camellos, le reservaron sitio al Apalpador, hicieron un belén tan cuco que ni siquiera se va a desmontar pasado el Nadal, o colocaron las cuadras del buey y la mula. Y, por si con todo esto fuese poco, en la parte superior del pazo armaron la casita de Papá Noel y los tronos de Sus Majestades de Oriente. ¿Alguien da más?

Todo empezó hace tres años. El Concello y un pelotón de voluntarios empezaron a romperse la cabeza para ver cómo podían convertir el pazo de A Crega en un lugar navideño. Los voluntarios, llenos de ideas, preguntaron al alcalde qué presupuesto iban a tener. Y él levantó los cinco dedos de la mano. Hubo euforia colectiva, porque todo el mundo pensó que el Ayuntamiento aportaría 5.000 euros. «Pero tiven que dicirlles que soamente ían ter 500», recordaba ayer el mandatario, que está asombrado con lo que cundió ese dinero.

Aquel año, los voluntarios, con esos 500 euros, ya hicieron un decorado meritorio. Pero en la Navidad del 2016 se superaron. Y este año fueron a más. Lo cuenta Ana Angueira, una de esas personas que lleva semanas derrochando imaginación en el pazo para que ahora luzcan guirnaldas hechas a mano -hay unas que por ejemplo son de hojas de nísperos-, hayan desaparecido algunos viejos tablones detrás de dibujos de animales o haya renos con cabezas de corcho y cuerpos de cordeles. «A verdade é que foron moitas horas de traballo, e que houbo que sacar de onde non había. Pero aquí reciclamos todo e nunca nos cansamos... Cada día ocórrensenos cousas novas», cuenta mientras coloca en la habitación de Papá Noel unas raídas botas negras que le acaba de dar una vecina.

El alcalde corrobora que todo se recicla. Los camellos del oasis se utilizaron en su día en la cabalgata. Ahora descansan en el desierto, donde por cierto se hace un guiño a la realidad y el espacio del oasis sufre sequía. Ayer por la tarde estaba previsto que la aldea se estrenase. Desde hoy y hasta el final de la Navidad se puede visitar, gratuitamente, a partir de las seis de la tarde. Estará el Apalpador y demás figuras. ¿Quién los encarnará? Voluntarios, por supuesto.

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