En marcha para intentar no hacerse viejos a los 40 años

Las personas con discapacidad envejecen antes; en esta asociación tratan de paliar los efectos que provoca la edad

En marcha para intentar no hacerse viejos a los 40 años Chequeo al programa de apoyo al envejecimiento de Xoán XXIII

pontevedra / la voz

Existe la costumbre -lo cuentan desde todas las asociaciones relacionadas con la diversidad funcional- de tratar a las personas con discapacidad como eternos niños. «Es increíble, cumplen 50 años y no son señores, siempre se refieren a ellos como niños o chicos», explican los colectivos. Nada más lejos de la realidad. Las personas con discapacidad cumplen años, como todos. Pero es que encima es como si los cumpliesen muchísimo antes, porque envejecen a edades tempranísimas. La asociación Xoán XXIII hizo una evaluación de 150 personas en sus centros de adultos y en 65 observó síntomas prematuros de envejecimiento. Es decir, se trata de hombres y mujeres, que en muchos casos ni siquiera llegan a los 40 años, que tienen síntomas físicos -sordera o problemas respiratorios, por poner dos ejemplos- o psicológicos -relacionados, en su mayoría, con la pérdida de memoria- propios del paso del tiempo. Insisten ellos en que son problemas íntimamente ligados a la edad, con el hecho de que envejezcan jóvenes, y no relacionados con su discapacidad. De ahí que se hayan puesto en acción.

¿Qué hicieron? Crearon un programa para combatir el envejecimiento. Les ha apoyado la Fundación Repsol, que les otorgó una subvención de 12.000 euros. Nada mejor que recorrer las instalaciones que tiene el colectivo en Pontevedra para comprender en qué consiste y ver que es posible luchar contra el envejecimiento tanto de personas que van al centro ocupacional como de las que tienen más dependencia y son usuarias del centro de día.

En una clase con una ratio muy baja, Jose está frente a una pantalla digital. Cuenta con 47 años, aunque él se quita unos cuantos. Tiene que intentar, con un puntero electrónico, aparcar un coche en un lugar concreto. Se trata de fomentar los reflejos y la memoria. Al principio le cuesta. Pero los aplausos que recibe cuando acierta con el estacionamiento le animan a seguir intentándolo. Lo mismo le pasa a Chusco. Es el más veterano del centro, con sus 63 años. Él también prueba su destreza con el puntero. Como a Jose, le cuesta al principio, pero acaba acertando. El jolgorio de sus compañeros es tremendo para celebrar cada victoria. Nuria Luque, la gerente, explica que el colectivo adquirió una plataforma digital, llamada Neuronup, que les permite tratar de rehabilitar las habilidades cognitivas.

En otra zona, lo que se estimulan son los sentidos. Allí está Gena tumbada en una especie de sofás lleno de luces. Dicen de ella que es nerviosa. Sin embargo, se relajó tanto en el diván que casi, casi ni saluda. Begoña trabaja con las luces y los colores. Y la monitora indica: «Trabajamos la estimulación visual y cognitiva».

Visitamos luego la piscina. Allí está Marimar con una fisioterapeuta. Ella también pasa de los 40 años y también le toca luchar contra los primeros síntomas del envejecimiento. Se le pregunta qué tal bajo el agua, y la respuesta es clara: «Bien, bien, bien», dice. Pues eso es de lo que se trata.

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