El gas natural pone a Pontevedra patas arriba

Sucedió en 1997


A finales de los noventa, los pontevedreses pensaban ya en cambiar la bombona de butano por el gas natural. El 10 de diciembre de 1997, el entonces alcalde Juan Luis Pedrosa establecía un plazo de dos años - al final fueron bastantes más- para que gran parte de la ciudad pudiera utilizar la nueva fuente de energía. Dejar de acarrear bombonas y abrir una simple llave para tener gas en casa facilitaría la vida a los pontevedreses, pero antes había que sufrir las obras. La gasificación obligó a poner patas arriba a la ciudad, levantando aceras, abriendo y cerrando zanjas... Un suplicio horroroso que duraría años y que había que soportar para no ir en contra de los proyectos de futuro y de progreso.

El gas natural llegó a Pontevedra a través del gasoducto que cruza Galicia de norte a sur, del que salieron dos ramales para red industrial y para la red doméstica. Las tuberías fueron dejando su rastro calle por calle hasta ejecutar cuarenta kilómetros de red para llevar el gas a la práctica totalidad de los hogares.

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