Siete historias de setecientas lacras

A final de año podrán ser unos quince menores de edad y más de setecientas víctimas de violencia machista las que habrán pasado por el CIM de Pontevedra


pontevedra / la voz

Es una lacra. Da igual el grado de intensidad, de fiereza, de inteligencia o de agresividad con el que se lleve a cabo. La violencia machista lleva años impregnada en la sociedad. En la española, en la gallega y también en la pontevedresa. La ciudad del Lérez no escapa de una maldición que cada año arroja a su Centro de Información á Muller (CIM) alrededor de setecientas mujeres. No todas son vecinas del municipio, y puede que ni de la comarca, pero sí de los alrededores.

«Moitas mulleres prefiren non acudir ao CIM no seu lugar de residencia porque se sinten máis cómodas indo a outro», en el que trabajan o al que pueden dirigirse con una mayor discreción, a veces difícil de conquistar en localidades pequeñas. De modo que, aunque no sean vecinas del ayuntamiento ni eso tiene ninguna relevancia a nivel institucional ni social. Y, en cualquier caso, residen cerca de Pontevedra.

Y, aunque se trata de una aldea gala en determinados aspectos de la idiosincrasia gallega, en otros muchos, como este, sufra las pautas que centenares de maltratadores marcan cada año a sus mujeres, novias, conocidas o excompañeras de algún tramo de su camino. No es solo que las cifras no den un respiro a sus víctimas, sino que cada vez las atrapa desde más jóvenes entre sus garras.

El desprecio, el exceso de control, la humillación y la imposición de su voluntad comienzan a una edad que disminuye año tras año, porque sus herramientas de control se adecúan a los nuevos tiempos. O, mejor dicho, porque «calquera avance se pode utilizar no seu beneficio no sistema de heteropatriarcado» que impera en la sociedad de hoy en día, advierte la concejala de Benestar Social, Carme Fouces. Un ejemplo claro son las redes sociales. Con infinidad de usos positivos y favorables a la libertad de sus usuarios, en manos de los adolescentes maltratadores se convierten en un arma más con el que controlar y, en su caso, castigar a sus víctimas.

Por eso, las campañas que lanza el Concello de Pontevedra se dirigen desde hace varias ediciones a medios alternativos. No se trata solo de elaborar u manifiesto y leerlo durante una concentración. Son las redes sociales, los paneles en las calles y la educación -este año la música, el teatro y un libro que cuenta siete historias de mujeres «torturadas polos seus maltratadores»- las que acceden con mayor facilidad a un público joven. Muy joven. Incluso al infantil.

Permiso paterno para menores

Porque tampoco los niños se libran de las consecuencias de la violencia machista. Los hijos de maltratadores también padecen los efectos negativos. En Pontevedra son entre siete y ocho los que se encuentran bajo supervisión del Concello de Pontevedra en estos momentos, pero para final de año, con el balance cerrado, podrían ascender a unos quince, según adelantó la edila nacionalista. Y ninguno de ellos podía recibir atención psicológica sin el consentimiento del progenitor, lo cual constituye una barrera difícil de franquear en muchos casos. Afortunadamente, se trata de un problema que poco a poco se va solucionando a través de otras herramientas legales, añadió.

La responsable del área de Benestar Social de Pontevedra fue, además, especialmente enérgica con la cuestión de la custodia. «Somos tremendamente radicais» acerca de la inconveniencia de que los niños mantengan el contacto con el padre maltratador, ya que si son capaces de agredir de alguna manera a su pareja, los hijos tampoco están a salvo, en opinión de la representante municipal.

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