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Nada se dejó al brillante Pontevedra que ganó al Real Madrid para ayer. Lo dio todo en su anterior partido en casa y todas las ocasiones que creo ante los de Solari se echaron en falta ante el de Rafa Sáez. No importó que uno fuese el filial de un gran equipo y el otro uno con el nivel de su categoría, Segunda B. En el primero brilló por su calidad y confianza, y en el segundo por su dificultad, ya no solo para crear ocasiones, sino para legar al área contraria. Exactamente todo lo contrario que el Coruxo. Tampoco llegó al estadio pontevedrés el equipo que se esperaba, pero por todo lo contrario. Pero la suerte quiso castigar al cuadro vigués.

Solo en la primera parte los verdes tuvieron tres ocasiones claras de gol. De las claras, claras. La primera llegó cuando se cumplía el minuto 11. Álex Arias lanzaba el balón a la portería de Edu sin darle tiempo a reaccionar. Si no hubiera terminado un poco a la derecha de la portería, el guardameta granate habría visto cómo se colaba en su interior.

El Pontevedra intentó reaccionar, intentó hacerse con la posesión del balón y dominar el encuentro. Pero no era capaz. Los de Rafa Sáez se sentían cada vez más cómodos sobre el césped de Pasarón y, aunque la posesión seguía siendo de los locales, no consiguieron controlar el juego en ningún momento.

Ocho minutos después los visitantes volvían a mandar un segundo mensaje a las filas granates que solo entre Prosi y Edu supieron leer y despejar a tiempo. De poco sirvió. En el 21 era Quique Cubas quien intentó estrenar el marcador, y David Castro quien se lo impidió. Al Pontevedra se le estaban agotando las vidas. La afición lo sabía y los jugadores, también.

Por si alguien tenía la tentación de olvidarlo, Higón, uno de los mejores jugadores del primer tiempo en ambos equipos, lanzaba un misil directo al poste derecho que volvió a encoger los corazones de los seguidores granates. De miedo.

Y, apenas algo más de un minuto antes del descanso, una falta lanzada por Adrián León devolvía la esperanza al Pontevedra. Pasó tan cerca del palo alto de la portería de Alberto que no quedó claro si había motivos para celebrar o no hasta pasados unos segundos.

Se veía venir las ausencia de Marcos Álvarez segundo tiempo. No la de Jorge. Pero, previsible o no, la salida de Añón al terreno de juego daba un poco de aire a los locales. Incluso aunque no llegara a tiempo de evitar que el Coruxo se llevara, como mínimo, uno de los goles que llevaba todo el partido mereciéndose. Fue una jugada impecable protagonizada por Mateo la que, tras colarse en el área granate y ver clara la oportunidad, acabó metiéndose en la red de Edu. Fue un tanto doloroso para los granates tanto por sus consecuencias en el luminoso como por su calidad.

No habían pasado diez minutos cuando los verdes volvieron a ganarse otro tanto. No lo marcaron porque ni el primer disparo a bocajarro -que chocó contra el poste derecho- de Fernando ni el segundo -alto- entraron, pero no por ocasiones.

El tiempo, el cansancio y algo de desánimo empezaron a pesar más al equipo pontevedrés que al vigués. Aún así, todavía le quedaron fuerzas a Álex González para lanzar una primera amenaza solo siete minutos después de saltar al terreno, y para, en el 74 -cuando llevaba once en el césped- convertir la segunda en realidad. Un tiro alto, casi a la altura de la cara de Alberto, se volvió imparable de camino hacia la red. Comenzaba un nuevo partido en Pasarón. Y no tardó mucho en cambiar. Fue con un penalti que lanzó Añón en el minuto 81 tras una mano de los verdes, a quienes perdonó el árbitro dos amarillas más.

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La suerte castiga al Coruxo en Pasarón