Safari gratuito y a pie de carretera a las afueras de Pontevedra

En el vial que sube a la Brilat, después de pasar la base, se pueden ver en pocos minutos cabras, ovejas, ponis o burros


pontevedra / la voz

Conducir por la carretera que sube a al lago Castiñeiras por Figueirido es muchas veces un peligro, puesto que a la altura de Postemirón -ya en el término municipal de Vilaboa, aunque a tiro de piedra de Pontevedra- es habitual que salgan a la carretera cabras, ovejas o incluso algún equino. Quienes lo saben quitan ya el pie del acelerador en esa zona. Pero hay conductores que se llevan sustos tremebundos. ¿Qué ocurre en Postemirón? Si uno se baja del vehículo y camina unos pocos metros se da cuenta de que en realidad se trata casi, casi de un safari gratuito a las afueras de Pontevedra, donde seguramente muchos niños se lo pasarían de lo lindo observando a distintos animales que esta misma semana pastaban libremente de aquí para allá. «Para moita xente velos», reconoce un vecino, que añade: «Como agora os rabaños xa non son habituais...».

Las primeras en aparecer en escena son unas cabras. Hay más de una veintena. Pastan en un lado de la carretera y, cuando les viene en gana, saltan al otro. De cuando en vez pasean por el vial, aunque como buenas cabras que son les tira el monte y enseguida vuelven a meterse entre helechos. Las hay con cencerro y sin él. Y se nota que deben estar acostumbradas a las visitas, porque ni se inmutan cuando se les saca fotos a un palmo de ellas.

Unos metros más adelante aparece otro pequeño rebaño, en este caso de ovejas. No parece que les guste tanto pisar asfalto. Están un poco más apartadas de la carretera, pero siguen siendo perfectamente visibles para quienes pasen camino del lago Castiñeiras, otro de esos lugares que harían feliz a cualquier niño.

Para completar la sesión de zoológico callejero aparecen, un poco más adelante, una burra preñada, un poni -el único que esta semana permanecía atado- y algunos caballos. Todos ellos se pueden ver sin dar rodeos, basta con parar el coche en una de las orillas del vial. Por la zona pasa un vecino que explica la cuestión: «Los animales son de distintos propietarios y la verdad es que sí que andan bastante libres». Ese concepto de libertad no acaba de gustar a otro paisano, que tiene su casa justo donde pastan algunos de los integrantes de este safari enxebre: «Está moi ben que anden por aí pero métense en calquera parte, por exemplo a algúns deles gústalles durmir no porche da miña casa e aí os teño cada dous por tres... hai un anaco tiña aí á burra metida», explica el hombre.

A cada paso, en el vial

Como en cualquier punto del rural que se precie, a los ponis, burros y demás fauna enseguida se le suman un par de perros y algunos gatos. Está entre ellos la perrita

Lola

, dispuesta a meterse con la burra preñada pese a que la diferencia de tamaño entre ellas sea abismal. El dueño del can calma los ánimos de ambas. Mientras tanto, de vuelta en la carretera, ocurre lo que los vecinos dicen que pasa a diario y que es un peligro: las cabras cruzan la carretera sin prisa, a su ritmo.

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