De Pontevedra a Moscú en una semana por carretera


Pontevedra / La Voz

Puede que a los aficionados del Condes de Albarei Teucro les sorprendiera que el club cambiase esta semana su rutina de partidos en casa. Habitualmente, y desde hace años, el primer equipo tiene reservadas las noche de los sábados en el pabellón municipal para divertir, emocionar y hacer vibrar a sus seguidores. A veces, de impotencia, otras de alegría, y la inmensa mayoría, de nervios.

Pero mañana por la noche las instalaciones deportivas que hasta hace no mucho albergaban el mercado municipal de abastos no tendrán balonmano. Al menos, no el de la liga Asobal. Los teucristas han pospuesto su tradicional partido de los sábados por la tarde -suelen comenzar alrededor de las 20.30 horas- hasta el domingo por la mañana. Y esta vez no es únicamente a petición del cuadro visitante ni solo por una cuestión de derechos televisivos. Es, entre otras razones de peso, por cansancio. Simple y llanamente.

Y, además, justificado. La plantilla y el cuadro técnico del Teucro han llegado prácticamente a Moscú en una semana. O podrían haberlo hecho si, en lugar de dirigirse a diferentes destinos, el autobús que los transporta hubiera continuado en línea recta hacia la capital rusa.

Hasta Alicante y Huesca

Han sido siete días de una intensa actividad, no solo de entrenamientos y partidos -sumando los de la liga regular de Asobal y el de la Copa del Rey que disputó la noche del miércoles-, sino también en la carretera. Los rivales a los que han tenido que visitar en sus dos últimos encuentros a domicilio, residentes en Alicante y Huesca, les han «obligado» a recorrer casi cuatro mil kilómetros a bordo de su autocar -3.959, si se quiere ser preciso-. La ciudad que acoger la Plaza Roja y el Kremlin está a unos 4.200. Poca diferencia cuando se habla de estas cifras.

Han sido un total de 47 horas de viaje repartidas entre las trece a las que se encuentra Alicante solo de ida y las once que se tarda, más o menos en llegar a Huesca. Y luego toca la vuelta que, aunque suelen ser algo más rápidas que los trayectos de ida porque se realizan menos paradas, no se alejan mucho del primer camino hacia el destino.

Es decir, jugadores, entrenadores y demás personal del cuerpo técnico se ha metido 47 horas de viaje en siete días; casi dos días enteros sin parar ni bajar para nada, para poder cumplir con sus compromisos deportivos en la primera categoría del balonmano español.

Sin descanso

Y en algunos casos la distancia ni siquiera ha sido lo más duro, sino el poco descanso del que han podido contar para recuperarse entre uno y otro viaje. Entre ambos desplazamientos, dos de los más largos que se realizan habitualmente por carretera, apenas pasaron 48 horas. El primer equipo azul llegó a Pontevedra el domingo por la mañana tras su enfrentamiento contra el Huesca, y el lunes por la noche ya estaban subidos de nuevo al autobús rumbo a Alicante. Así que, si se echan las cuentas, es fácil que como resultado salga un merecido descanso. Aunque solo sea de unas horas.

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