«Luisito y Rafa son muy diferentes, pero ambos son temperamentales»

El domingo regresará por segunda vez a Pasarón tras dejar el Pontevedra y al míster, con quien jugó 5 años


Pontevedra / La Voz

Hace solo temporada y media que Alberto Campillo (Vigo, 1988), dejó de ser el ojito derecho de Luisito para irse al Coruxo.

-¿Cómo están?

-El césped está lleno de ramaje que voló hasta allí, pero la instalación eléctrica y los vestuarios sí que están más afectados. Nada que no tenga arreglo.

-¿Les afectó directamente?

-A mí me tocó personalmente cerca de la casa de mis padres, pero no en esta zona de Coruxo, sino cerca de A Madroa. Ahí sí que estuve colaborando en las tareas de extinción con calderos, haciendo cadenas y ayudando a los bomberos con mangueras.

-¿Amenazó su casa?

-La casa no, pero lo que es el barrio sí, porque es un monte que baja desde A Madroa, y las propias casas ya son de San Paio. Algunas sí estaban amenazadas, así que hubo que ayudar desbrozando alrededor de los muros. Debíamos de ser bastantes personas haciendo cadenas de vaciado y llenado de calderos y ayudando a los bomberos a extinguir.

-Y al día siguiente, a entrenar...

-Fue una jornada de reflexión, más que nada. Fui con un grupo de compañeros a O Vao. Luego fuimos a la zona más afectada y todavía seguía el fuego amenazando las casas y gente desalojada. Y, si se podía ayudar llevándoles agua o mantas, se ayudaba. Y hablo en nombre del Coruxo al decir que estamos para lo que necesiten.

-¿Sus padres están bien?

-Sí, sí, al final no nos afectó directamente. Nada que ver con Chandebrito y la zona de detrás.

-Qué bien. ¿Le parece si hablamos de fútbol?

-¡Sí, claro, para eso estamos!

-Y de padres también, porque estuvo cinco años a las órdenes de Luisito y este será su cuarto a las de Rafa Sáez. ¿Sabe ya si quiere más a papá o a mamá?

-(Ríe). Son dos entrenadores que marcaron bastante mi carrera, porque los inicios fueron con Rafa, después estuve con Milo y Alejandro Menéndez, y ya pasé a Luisito, y la verdad es que son dos personas completamente distintas. Con Luisito estuve cinco temporadas seguidas; con Rafa fue un corte diferente porque pasaron casi diez años de una etapa a otra, y son personas distintas con distinta manera de ver el fútbol. Y no tengo ningún tipo de queja de ellos; todo lo contrario, mucho que agradecer tanto a uno como a otro por lo que te enseñan a nivel deportivo y personal.

-Aunque al principio parecieran muy diferentes, ¿conocerlos más no hace que se parezcan?

-No, son personas distintas. Son temperamentales porque en el mundo del fútbol tienes que serlo, pero son diferentes.

-Con Rafa empezó y volvió. ¿Notó su evolución como entrenador?

-Sí, por supuesto. Todo el mundo evoluciona, Si no, estaríamos fastidiados. Él también aprendió como entrenador más de lo que ya sabía, y es una persona con mucha templanza en ese sentido, y que sabe llevar muy bien a un grupo. Y cuando las cosas van mal actúa moralmente bien, así que contento por lo que me ayudó en mi carrera. Claro que hubo un cambio, y es todo para bien.

-En el derbi del año pasado en Pasarón estaba su trasvase más reciente y decía que iba a haber mucha pasión. ¿En este también, o va disminuyendo un poco?

-No, cada partido lo vas viviendo con pasión, pero sigue siendo un derbi, y esos gusta siempre ganarlos. Si se pierde esa ilusión deja de tener esa chispa, esa gracia, para el aficionado. Y al ser dos equipos de la comunidad y tener jugadores que han estado en uno y otro, y que el míster también entrenó allí, se va a vivir con la misma pasión o más que el año pasado. También están posicionados cerca en la tabla. Si ellos ganan nos cogen, si nosotros ganamos nos alejamos un poquito más, así que se va a vivir un bonito derbi en Pasarón en uno de esos días de fútbol que para el aficionado es bonito.

-El año pasado su visita a Pasarón acabó en un empate. ¿Y este?

-Espero que ganemos nosotros, es lógico. Cada uno mira lo suyo.

-¿Resultado?

-Me vale un 1-0 en el minuto 94.

-El inicio de temporada granate fue un poco duro. ¿Es el mismo Pontevedra en el que jugó usted?

-Creo que tiene el mismo estilo de juego, porque el entrenador se lo inculca a los jugadores, y aunque cambien, saben a qué juegan. Hay veces que el fútbol no te da lo que mereces, o estás bajo moralmente, enganchas tres victorias como les pasó a ellos, y luego va mucho mejor. Hay veces que no sale, no entran los goles y parece que eres muy malo. Y cuando ganas parece que eres buenísimo y tenías toda razón.

-¿Habló con ellos entonces?

-Les dije que no se preocupasen, que tienen equipo.

-¿Y cómo los notó?

-Normal que estés abatido después de hacer un play off como el año pasado y arrancar como este. Una vez pasemos por allí le desearé lo mejor (ríe).

-En el Pontevedra era uno de los favoritos de Luisito, y dice que Rafa Sáez le ha cogido cariño. ¿Qué hay que hacer para ser el ojito derecho de los entrenadores?

-(Ríe) No creo que sea el ojito derecho de los entrenadores, solo de mi madre, con mi hermano,. Pero de los entrenadores no creo. Hay que ser uno mismo. Yo no cambio nunca, ni en el campo ni fuera. Tengo una manera de ser y siempre busco que el equipo vaya lo más ordenado posible, que fluyan buenas sensaciones y buen ambiente en el vestuario, que es clave, y muchas veces restar importancia a ciertos temas ayuda bastante, y así evitas esos roces e historias que puede haber en el vestuario.

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