La plaza donde el picudo rojo se ensañó

Ocho de las palmeras que había en Marqués de Valterra y O Regueiro ya se talaron

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pontevedra / la voz

La plaza de Estribela y Cantodarea que mira al puerto de Marín, ese rincón que hace de frontera entre las tierras pontevedresas y marinenses, acaba de aumentar su singularidad. Por si no le llegase a este entorno con la extravagancia de pertenecer a dos concellos y tener dos nombres distintos, de ser Marqués de Valterra para Pontevedra y O Regueiro para Marín, ahora resulta que es una especie de zona cero de las consecuencias del picudo rojo, ese insecto al que se la ha dado por hacerle la vida imposible a las palmeras. De la decena de ejemplares que lucían sobre la misma acera, en perfecta hilera, solamente sobreviven dos. El resto fueron taladas por el pie y su único rastro es ya un trozo de madera inerte a ras de suelo. Y lo peor es que a las palmeras que quedan, como decía ayer un paisano a pie de acera, «moita vida non se lles ve». El jardinero municipal marinense, Laureano Gallego, confirma que «posiblemente una de las que queda esté afectada también. No la cortamos por ahora pero es probable que haya que hacerlo».

A finales del 2015, cuando todavía no había subido por todas partes la fiebre del picudo rojo, el Concello de Marín ya alertaba de que el insecto había empezado a actuar en Marqués de Valterra, que afectaba a algunos ejemplares de Pontevedra y que amenazaba con acabar también con las palmeras marinenses. Dos años después, las consecuencias de la plaga son evidentes. Solo quedan en pie las dos citadas palmeras, que están siendo tratadas para ver si logran salvar el tipo.

En la plaza a nadie le ha pasado desapercibida la tala. Ni siquiera las causas de la misma. «Estaban enfermas e caían as ramas, era un perigo. Non quedou máis remedio que cortalas», razona a media mañana Celestino Franco, que coge agua en la fuente donde está el límite entre Marín y Pontevedra. «Es una pena talar árboles pero estaban muy mal», añade una mujer uruguaya que reside en el entorno. Se les pregunta a ambos, y a más vecinos, qué antigüedad pueden tener estos ejemplares. Nadie lo tiene demasiado claro. Unos vecinos defienden a capa y espada que tienen más de medio siglo a sus espaldas, otros reducen la cifra a 40 años... El jardinero municipal marinense arroja algo de luz: «No son todas de la misma época, yo creo que las de la parte de Pontevedra eran las más antiguas y que podían tener fácilmente más de medio siglo. Las que pertenecen a Marín quizás tengan unos 40 años y hay una más joven, que la habíamos trasplantado desde la barriada de San Pedro».

Areeiro pone su dron a disposición de los concellos para revisar los árboles más altos

Varias son las administraciones y entidades que están tratando de luchar contra el picudo rojo. Antón Vázquez, jefe de Sanidade Vexetal de la Xunta, que indicó que la plaga estaba siendo muy dura de combatir y pronosticó que posiblemente en dos años no queden demasiadas palmeras, dijo también que desde la Consellería de Medio Rural están actuando en distintos frentes. Desde dar información a particulares hasta poner trampas para ver la incidencia del insecto o también tratar de establecer un diálogo entre Administraciones para ver qué arboles son los más valiosos y, posteriormente, incidir en su tratamiento y protección. Más allá de la Xunta, desde Areeiro, la estación fitopatológica perteneciente a la Diputación de Pontevedra, también se intenta dar soporte a los concellos ante la plaga, sobre todo en aquellos casos en los que hay palmerales simbólicos y añejos. Entre los recursos de Areeiro está su dron, que pone a disposición para que los ayuntamientos supervisen los árboles más altos.

Esta operación, la de grabar con dron, ya se llevó a cabo en Caldas, donde la importancia que tienen las palmeras en el paisaje urbano es tal que el Concello está tratando de forma continua sus árboles. El alcalde, Juan Manuel Rey, indicó que volverá pedir ayuda a Areeiro para tener de nuevo imágenes con el dron y ver si el tratamiento funciona.

Tanto el jefe de Sanidade Vexetal como el responsable de Areeiro, Pedro Mansilla, insistieron por pasiva y activa en que todas aquellas palmeras que no sean tratadas acabarán devoradas por el picudo. En cuanto a los tratamientos, Mansilla dijo: «Hay que informarse, no actuar a lo loco».

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