Una manzana con zafarrancho de coches y escasa felicidad

Los vecinos no están contentos con su entorno; dicen que falta limpieza y que el estado de aceras y calzadas deja que desear

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pontevedra / la voz

Aunque una calle, cualquiera que sea, permanezca en estado deplorable siempre suele aparecer en escena algún vecino que defiende el entorno, que dice que vivir allí es una maravilla. Sin embargo, esta misma semana, recorriendo de cabo a rabo las calles Pastor Díaz, Alejandro de la Sota y Cervantes, preguntando a un buen número de residentes o visitantes, era misión imposible topar alguien contento con el lugar. Sonaban las quejas por doquier. ¿Por qué? Por distintas razones, algunas relacionadas con el zafarrancho de coches que hay habitualmente en esta manzana, ya que tiene aparcamiento libre, que está siempre a tope por su cercanía al centro, y tampoco es raro ver vehículos estacionados en doble fila, habitualmente con el conductor dentro.

Empecemos por los coches. Hay aparcamiento libre y en batería tanto en Alejandro de la Sota como en Pastor Díaz. En el caso de Alejandro de la Sota los coches, realmente, le comen un trocito a la acera al estacionar. Hay división de opiniones al respecto. Una hostelera indica: «Yo cambiaría otras cosas, pero el tema de los coches lo dejaría así, porque hay que aparcar en algún sitio y los que tenemos negocios necesitamos que se pueda estacionar». Dos vecinas, que señalan que llevan toda la vida en la calle tienen una opinión distinta. «Estamos fuera del modelo peatonal, estas aceras no son anchas ni cómodas. Está claro que hay que aparcar en algún lado, pero es que ahora vienen todos los coches hacia esta zona y casi nadie encuentra hueco», señala una. «Estamos a un paso de Michelena y parece que estamos a kilómetros», sentencia la otra.

Luego está el asunto de la limpieza. Ahí, sí que sí, hay unanimidad: los vecinos reclaman que se barra más y que también se baldeen las calles con una mayor frecuencia. ¿Y las aceras? No puede hablarse de uniformidad. Hay distintos pavimentos en la zona reservada para peatones, unos en mejor y otros en peor estado, y se da una circunstancia peliaguda en este entorno que tiene al lado el pulmón verde del parque de las Palmeras y un poco más allá la Alameda: al llegar a una especie de bajada que hay desde Pastor Díaz a Raíña Victoria el peatón tiene que elegir entre unas escaleras o la carretera, no hay acera que valga. «Yo voy siempre por el vial porque me cuesta subir la escalera», dice una mujer de mediana edad.

En cuanto al pavimento de las calzadas, el mayor problema se encuentra en Pastor Díaz. Ahí se conserva todavía el viejo adoquín, que va sufriendo achaques en distintos puntos. Presenta bastantes irregularidades, por no hablar de que la señalización horizontal, sobre todo los pasos de peatones, necesitan una capa de pintura de forma urgente.

Los vecinos insisten en que están fuera del modelo de ciudad. Aún así, hay un rincón de la manzana que sí recuerda a la Pontevedra que ordenó el tráfico. «Esto es una maravilla», precisan dos motoristas, casco en mano. Y añaden: «Está en pleno centro».

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