«Si quiere le atiendo en la calle, con la silla de ruedas no logra entrar»

Las barreras siguen imponiéndose en edificios como la Subdelegación, la sede de Turismo Rías Baixas, Tráfico o Correos

«Si quiere le atiendo en la calle, con la silla de ruedas no logra entrar» Chequeo a la accesibilidad en los edificios públicos pontevedreses. Las barreras siguen imponiéndose en edificios como la Subdelegación del Gobierno, la sede de Turismo Rías Baixas, Tráfico o Correos.

pontevedra / la voz

Ricardo tiene 27 años, va en silla de ruedas y está acostumbrado a conformarse con poco. Salta la vista enseguida. Uno va con él por la plaza de España, ve cómo la silla eléctrica tropieza en el cableado que están instalando para dar servicio a una carpa, piensa que él se enfadará y, sin embargo, le escucha decir: «No pasa nada, es puntual. No puedo quejarme de las calles de Pontevedra, son una maravilla comparadas con las de Perú, donde yo nací, allí me sentía como en una cárcel y ahora aquí puedo al fin caminar por la calle, esto es vida». Pero Ricardo es consciente de que la accesibilidad sigue siendo una quimera en muchos aspectos. Por ejemplo, en cuanto a edificios públicos. Hacemos la prueba del algodón en tres inmuebles casi escogidos al azar. El resultado es para llorar.

Comenzamos en la Subdelegación de Gobierno. La entrada principal, con su escalinata, es imposible para una persona con diversidad funcional. Dicen los funcionarios, que rebosan amabilidad, que el modus operandi es timbrar por la puerta lateral y que a la persona en silla le abran el acceso especial Ahí hay una plataforma para subir. Se abre la esperanza. Pero a los pocos minutos, llega la desilusión: resulta que la plataforma no sirve para sillas eléctricas ni de tamaños grandes, solo para las manuales. Así que Ricardo no entra. Los funcionarios concluyen: «Si quiere le atiendo en la calle, con la silla de ruedas no logra entrar», dicen con cierta impotencia.

Segundo intento. Acudimos al palacete de las Mendoza, donde está la oficina de turismo Rías Baixas. La entrada principal es un imposible yendo en silla. Hay un cartel en otra puerta, muy cercana, que indica que si tiene diversidad funcional debe llamar a un timbre... Ricardo lo intenta. Pero la cosa sale mal: «No le llego al timbre, está bajo y podría llegarle, pero lo pusieron en un sitio que yendo en una silla no te da el brazo». Pide que alguien llame por él a ver si así puede acceder a la plataforma elevadora que hay dentro. Timbra una vez. No contestan. Timbra otra vez. No contestan. Pasan diez minutos... y no, no contestó nadie. Ricardo, nuevamente, se quedó en la calle.

Tercer intento, en el edificio de Correos. Hay una puerta lateral para personas con discapacidad. Pero está cerrada. El timbre, como si de una broma de mal gusto se tratase, está alto. Así que Ricardo no puede tocarlo. Tiene que pedir auxilio de nuevo. Cuando le abren y viene una trabajadora para ayudarle a que entre con la silla en la plataforma de subida parece que todo va como la seda. Pero hay un nuevo problema. Ricardo apenas tiene fuerza y pulsar seguido en el botón que le sube le cuesta horrores. Acaba ascendiendo a trompicones. La operaria le dice: «Nosotros nos brindamos a atenderte abajo, porque esta plataforma es muy difícil, lo vemos siempre».

Conclusión: tres edificios, tres decepciones. Ricardo tiene motivos para ir al Servizo de Consumo de la Xunta en Pontevedra y quejarse. Pero no puede hacerlo. En una paradoja increíble, tampoco tiene accesibilidad. Lo acaba de denunciar los colectivos Amizade, Amencer y Xuntos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

«Si quiere le atiendo en la calle, con la silla de ruedas no logra entrar»