«Pontevedra is a city with soul»

Turcos, mexicanos y portugueses eligen Pontevedra para cursar su Erasmus

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pontevedra / la voz

Benan Durmaz lleva solo unos días en la ciudad del Lérez, pero ya sabe que le va a gustar. Viene de una urbe turca de seis millones de habitantes, y sabía que no quería eso. Solo en Estambul viven diecisiete millones. Tampoco quería eso. Así que eligió Galicia. No tenía muy claro lo que se iba a encontrar, pero puede que el carácter viajero de su madre -una pintora de renombre que pasa media vida en exposiciones internacionales- le haya pasado parte de su hambre por conocer y asumir riesgos controlados. No muchos. Por eso pidió su plaza de Erasmus en Galicia.

Bueno, por eso y por Inditex. A sus 20 años de edad la joven estudiante de Comunicación ya tiene claro que quiere dedicarse al sector corporativo, y aspira a, en un futuro no muy lejano, poder entrar en la multinacional textil. «Y Froiz, no lo olvides, que también es muy importante y es de aquí», le apunta Sergio Lorenzo, de Erasmus Students Network (ESN). Ella sonríe y sigue hablando, como puede, en inglés.

Amigables y abiertos

Porque, al final, lo que más pesó de todo fue el carácter de los españoles. Son «amigables, abiertos y entregados, y, si tenía que irme lejos de casa, quería que fuese a un lugar en el que me hicieran sentir cómoda. Y aquí lo hacen», reconoce. «Puede que si hubiera ido a Madrid o a Barcelona hubiera más gente que habla inglés, pero no quería ir a una gran ciudad en la que no conoces a tus vecinos. Aquí hay un señor que no sé dónde vive, pero me saluda todos los días cada vez que nos cruzamos», explica a sus tres compañeras de aventuras portuguesas, Celina Fernández, Patricia Vieira y Gabriella Franco, también de 20 años. «Pontevedra tiene alma. A las cinco de la tarde la gente sale a la calle con sus hijos y familias y es muy bonita. Puede que tenga menos vida que otras ciudades más grandes, pero tiene alma», dice.

En la plaza de A Peregrina sigue lloviendo. Son gotas finas, casi invisibles, pero no dan tregua. A Celina y a Patricia no les importa. Reconocen que en Madeira, de donde proceden, en septiembre hace algo menos de frío, pero el clima es parecido. Tan pronto escuchan que este mes suele ser más cálido y soleado, se miran y sonríen aliviadas. Gabriela está menos convencida. Esperaba algo más de calidez. Aunque, teniendo en cuenta que la otra opción que les ofrecían para continuar sus estudios de Bellas Artes, además de España, era la República Checa, el saldo sale positivo.

Celina y Patricia son amigas desde hace cinco años, y tres más tarde se unió al grupo Gabriela. Ninguna de ellas esperaba encontrarse con esto. «Habíamos visto fotos de la ciudad, pero al natural es mucho más bonita», confiesa Patricia en un castellano muy fluido. Sobre todo, por la belleza de los edificios antiguos y de la zona monumental.

La conquista

Y eso que, si tienen que ser sinceras, el casco histórico que realmente ha conquistado su parte artística es el de Santiago. Solo estuvieron allí una vez, y como fue en una excursión no pudieron visitar prácticamente nada por dentro. Por eso «agora queremos voltar para entrar nos edificios», explica, todavía fascinada, Celina. Y no una sola vez, advierten. Llevan seis semanas en Galicia y todavía les quedan otros cinco meses y cuarto.

El tiempo es similar al de Madeira, aunque algo más frío, reconocen tres jóvenes alumnas

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