pontevedra / la voz

Bipolar y esquizofrénico. Defender el partido de ayer entre el Pontevedra y el Toledo resulta tan difícil como encontrarle una línea argumental. Una primera parte lenta, cuatro goles en once minutos y un empate en el 94. Pasarón todavía intenta entender qué ha ocurrido exactamente.

Ni siquiera el primer gol consiguió dar ritmo al partido. Se trataba de una cuestión de energía y de estrategia. Y no la hubo durante la primera mitad. La emoción que podría haber imprimido al choque el gol tempranero de los granates se quedó en eso. Un penalti de Tomás Sánchez sobre Marcos Álvarez cuestionado por propios y ajenos dio a Etxániz la oportunidad de lucirse y, de paso, estrenar el marcador. Fue un tiro limpio, lo único irrefutable de toda la jugada.

Aún no se había cumplido el minuto diez, y la ventaja del cuadro local sobre el visitante era tan evidente fuera del campo como ignorado dentro. Solo un Toledo muy alejado del que jugó el play off la temporada pasada parecía seguir estrategias que, sin embargo, no le daban resultado. Tenían más posesión del balón, sí, pero no sabían qué hacer con él.

Tampoco los granates tenían las cosas mucho más claras. Las faltas en jugadas sin peligro se sucedieron durante toda la primera parte, dejando tras de sí varias amarillas que no hacían sino condicionar la segunda. Y, en el caso de las cometidas por la plantilla dirigida por Luisito, facilitar las acciones a balón parado en su área. Únicamente David Añón se dejó ver con claridad en el césped y ofreció algo de espectáculo. Entre ellos, los dos goles en fuera de juego. Eso fue todo, no hubo más.

Empieza la locura

Y fue precisamente esta debilidad la que pusieron de relieve los toledanos durante el descanso, porque en apenas dos minutos del segundo tiempo le dio la vuelta al marcador gracias a las dos primeras actuaciones que lograron dar brillo real al partido. Fue Tomás Sánchez quien inauguró el luminoso manchego desde el lateral izquierdo tras un pase de Canario. Pasarón contuvo la respiración, consciente de que podría pasar y, o el Pontevedra reaccionaba, o podría incluso repetirse. Tardó dos minutos más en ocurrir. Sergio García lanzó el balón desde fuera del área en una jugada de contraataque y acabó directamente en la red del equipo local. Y con elegancia. Los ánimos del Pontevedra se desplomaron. En segundos, el cuadro local pasó de tener una ventaja casi regalada a perder en casa. Otra vez.

Solo una sacudida en la actitud local podía cortar la hemorragia. Y el espasmo que necesitaba llegó antes de que Pasarón supiera qué estaba ocurriendo. Fue un córner que se encargó de sacar Prosi y de rematar Bruno aprovechado un error defensivo verde imposible de justificar. Iban nueve minutos del segundo tiempo, y antes de llegar al doce llegaba otro más, el quinto gol de la locura. Fue, para hacer justicia, de Añón tras una falta.

Y otra de ellas estuvo a punto de pasarle factura a los granates. La segunda amarilla -innecesaria, nuevamente- de Prosi dejó al Pontevedra con diez a 23 minutos del final. Pero ni siquiera fue eso lo que propició, a segundos del final del tiempo de descuento (cuatro minutos), el gol inesperado del empate. Fue un error de Adrián león que supo aprovechar Canario.

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Esquizofrenia manchegogranate