El día del hospital

La presentación de un nuevo proyecto de asistencia sanitaria para el área de Pontevedra rememora lo vivido con anteriores modelos ya desestimados


La presentación de un nuevo proyecto de mejora de la asistencia sanitaria para el área de Pontevedra que acabamos de presenciar esta semana, nos revive anteriores escenas de años atrás que resultan calcadas. Es un déjà vu que se repite, incluso con algunos de los mismos protagonistas aunque se modifiquen escenarios y denominaciones. Lo que antes se tituló «IV Fase de Montecelo» y después «Nuevo Hospital», ahora se denomina «Gran Montecelo».

Más allá del mareo causado por el carrusel de proyectos, títulos y promesas de todos estos años, lo único demoledoramente cierto es que los 300.000 habitantes del área sanitaria de Pontevedra sufrimos décadas de retraso en la calidad de la atención hospitalaria porque los debates políticos y los subsiguientes vaivenes al frente de la Xunta de Galicia, nos han condenado a sucesivos aplazamientos y posteriores revisiones de las decisiones que parecían incólumes. Ya no fue solo cuestión del tránsito del bipartito PSOE-BNG al primer gobierno de Feijoo, que motivó un giro radical en el enfoque de la solución hospitalaria para Pontevedra. Es que a lo largo de los tres mandatos del político de Os Peares se revisó el planteamiento hasta el extremo de cambiarlo diametralmente.

¿Estamos ante la solución definitiva? Probablemente, sí. El grado de consenso político e institucional es mayor que nunca. Pero me inquieta que se llegue a cumplir el calendario. Tanto en tramitación del proyecto, como ejecución de obras y en la dotación de los 140 millones de euros de inversión anunciada. En los últimos años nos hemos acostumbrado a ver que el «talón de Aquiles» de este tipo de macroproyectos es la financiación, sobre todo si se emplean fórmulas mixtas público-privadas como en el caso de Vigo, con la retahíla de quejas que hemos conocido.

Aguardemos que el «Gran Montecelo» sea público 100 % aunque suponga inducir serias dudas sobre el cumplimiento de los plazos. Dudo seriamente que en el 2021 comience a verse el resultado de las obras porque las demoras son endémicas a los macroproyectos.

Otro «día de la marmota»

Entre los periodistas locales se cita a menudo el símil del «día de la marmota» para sobrellevar con cierto humor la agobiante reiteración de determinados asuntos de la «agenda pontevedresa» que parecen seguir siempre en el mismo estado. Por tanto se acude a la comparación con la situación satirizada en la película Atrapado en el tiempo (1993) que protagonizó Bill Murray, quien encarnaba a un meteorólogo que vivía y revivía siempre el mismo día en un pequeño pueblo de Pensilvania adonde acudía a hacer la cobertura de un festival denominado «Día de la Marmota» en el que se predecía el fin del invierno.

Esa sensación recurrente, de revivir situaciones que ya se han experimentado anteriormente, inunda a los periodistas locales con diversos asuntos que son recidivantes, como por ejemplo el futuro de Elnosa; el contrato de las piscinas de Campolongo; la necesidad de un nuevo PXOM o este asunto del futuro hospital de referencia. Me temo que esa misma sensación recurrente invadirá a los ciudadanos a poco que hayan seguido el devenir de los sucesivos proyectos que presentaron a bombo y platillo los gobiernos que estuvieron al frente de la Xunta: el bipartito PSOE-BNG en el 2005; el gobierno de Núñez Feijoo en el 2010 bajo el influjo de Telmo Martín y, finalmente, de nuevo la Xunta de Feijoo con el nuevo enfoque propiciado por el conselleiro Vázquez Almuíña desde el 2016, que se consumó en el acto oficial del pasado martes.

Vuelta a la sensatez

Una vez desestimada la idea de construir desde cero un nuevo hospital en Monte Carrasco (Marcón) al que le había puesto la proa el Concello de Pontevedra con su negativa a colaborar en su edificación, conexión a servicios y suministros elementales, resultaba de cajón que la solución pasaba por desempolvar y pulir la opción anterior.

Resulta obvio que las previsiones que se planificaron en el 2005 para la llamada «IV Fase de Montecelo» han quedado muy superadas doce años después. Las nuevas necesidades se deben ajustar a la demanda de camas hospitalarias, de renovados servicios quirúrgicos y terapéuticos, en consonancia con las patologías más recurrentes y con la redistribución de áreas sanitarias que el Sergas decidió hace un par de años. El futuro «Gran Montecelo» tendrá medicina nuclear, radiología, y unidad de cuidades intensivos (uci) pediátrica, entre otros servicios de los que actualmente carecemos en el área de Pontevedra.

Del mismo modo que se demandó una mayor ampliación de servicios como duplicar espacio y boxes en la zona de Urgencias, el mayor cuello de botella que tenemos hoy en día, el nuevo proyecto requiere ser más diáfano en otros aspectos. Resulta especialmente inquietante la indefinición que persiste en el actual gobierno gallego con el Hospital Provincial.

Este centro sanitario ya centenario cuenta con algunos servicios excelentes alojados en sus instalaciones como Pediatría o Psiquiatría cuya solución de continuidad no puede arriesgarse. Las reservas mostradas por representantes del personal y por algunos agentes sociales fundamentan la sospecha de que la Consellería de Sanidade aún no tiene clara una idea de aprovechamiento del actual Provincial. Viendo lo que ha pasado en otras ciudades gallegas, Pontevedra no debería sufrir una pérdida similar.

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