«Ahora hay que parar y reflexionar»

La familia Supertramp regresa tras una aventura de un año en la que hicieron 8.000 kilómetros en bici


pontevedra / la voz

Con ganas de abrazar a los suyos, de descansar y de reflexionar sobre una experiencia vital de un año y 8.000 kilómetros que es mucho más que un viaje. Con esas sensaciones llegó ayer la familia Supertramp a la plaza de España de Pontevedra. O lo que es lo mismo, la familia que forman Óscar Barreiro, de 38 años, Susana Míguez, de 28, y sus dos hijos, Lucía, de 7, y Darío, de 3. Aparecieron en sus bicicletas reclinadas o trikes y fueron recibidos por allegados y amigos. Aplausos, risas, agradecimientos, muchas fotos y alguna lágrima se vio entre tanto abrazo.

Tras unos minutos y apreciando la sombra después de tanto sol, Óscar y Susana descargan tensión y emociones. «Éramos muy felices haciendo esto, pero volver también es una ilusión», cuenta Óscar. Tras estar doce meses fuera de casa viajando y pedaleando por diez países europeos, Susana tiene claro qué fue lo mejor. «Lo mejor es la gente tan buena que hay por ahí. No hay que estar asustados y pensar que el mundo es malo. Hay gente maravillosa en cualquier país, da igual que sepas hablar su idioma o no», remacha.

La pareja y sus hijos conocieron a gente «que merece la pena» y han hecho amigos «para toda la vida». Su recorrido se inició el 9 de julio del 2016 y han estado en diez países: España, Francia, Italia, Grecia, Macedonia, Serbia, Eslovaquia, Alemania, Austria y Suiza. Los mejores recuerdos se los llevan de Grecia y Francia.

Su experiencia muy poco o nada tiene que ver con un viaje de turismo. «Nos hemos impregnado de mucha vida, de mucha gente. Ahora hay que parar, reflexionar, valorar y mejorar lo que no hemos hecho bien», señala Óscar. Pero la familia tiene claro que en el futuro habrá más escapadas. ¿Cómo se financia una aventura tan larga de cuatro personas? Relatan que estuvieron ahorrando varios años antes y que la clave está en gastar lo mínimo posible. «Gastamos entre 10 y 15 euros al día, fundamentalmente en comida. Dormíamos en tiendas de campaña o en algún alojamiento. Con niños es diferente porque siempre eliges la mejor opción para estar seguros», explican. Lucía siguió su escolarización a distancia a través de una plataforma web.

Italia fue el país donde se quedaron más tiempo. Estuvieron un mes trabajando como voluntarios en Bríndisi y otro mes y medio en Bari alojados en una casita que les cedió un sacerdote. Lo peor que llevaron fue la lluvia. «Frío sí que pasamos, aunque lo más complicado es la lluvia», apunta Susana. Aunque su idea era hacer 10.000 kilómetros, al final tuvieron que recortar su estancia en Centroeuropa.

Para la familia Supertramp, que se autodenomina así como homenaje a la película Hacia rutas salvajes, la aventura deja muchas anécdotas, pero una de ellas es especial. «No pensábamos ir a París. Estábamos cerca de Orleans, tuvimos que acortar y era o ir a París o volver para atrás. Al final fuimos y a través de Warmshowers (duchas calientes) -una red de intercambio de alojamiento entre cicloturistas- la única persona que nos contestó nos llevó gratis a visitar la Torre Eiffel», recuerda Óscar. «Era una familia genial, con dos niños, y ellos trabajaban allí, así que subimos hasta arriba de todo y fue muy guay», añade Susana.

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