La Academia das Artes Galegas se rinde a Alejandro de la Sota

El arquitecto pontevedrés será homenajeado en el Día das Artes galegas del 2018


Pontevedra / La Voz

Nunca daba nada por sentado. Todo lo que se movía dentro de su cabeza eran preguntas. Interrogantes mezclados con ideas brillantes que no terminaba de creerse, y espolvoreadas con una sed insaciable de mejorar, de innovar, de dar respuestas a dudas que solo buscaban la perfección. A Alejandro de la Sota (Pontevedra, 1913 - Madrid 1996) no le bastaba con recibir un encargo y cumplirlo. El resultado final tenía que ser práctico y pulido, tanto por fuera como por dentro. Aspectos como el ruido o el entorno urbano en el que se iba a construir su diseño le preocupaban hasta el punto de convertir cada detalle en un problema, una ecuación que debe resolverse para poder pasar a la siguiente.

«Era un maestro socrático, un experto que formulaba preguntas, más que soluciones dogmáticas». Lo recuerda bien José María Ezquiaga, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, porque coincidió con él en la capital cuando acababa de comenzar su prestigiosa carrera profesional y De la Sota ya estaba consagrado. Sus conversaciones se convirtieron casi en ley de vida arquitectónica para Ezquiaga. Tanto como para detenerse a hablar de él a solo unos segundos de empezar a pronunciar una conferencia tras enterarse de que será el próximo homenajeado en el Día das Artes Galegas del 2018, el próximo 1 de abril.

Los académicos de la Academia Galega das Artes lo tuvieron claro: «Sen dúbida, pode e debe ser considerado unha das personalidades galegas máis influíntes do século XX e, probablemente, o máis notable de entre os arquitectos españois da segunda metade dese século. A súa obra esténdese por toda España e, loxicamente en Galicia, onde os seus edificios son dos máis estudados e publicados da nos arquitectura moderna», señaló la institución en un comunicado tras la reunión ordinaria de sus miembros.

Resulta difícil encontrar profesionales o amantes de la arquitectura que cuestionen sus obras. El Gobierno Civil de Tarragona y el Gimnasio Maravillas son dos de las más famosas, pero hay ejemplos muchos más cercanos: el edificio del Banco Pastor y el pabellón de deportes de Pontevedra -cuya cubierta acaba de ser restaurada para recuperar la original-, la Casa Domínguez en Poio o la biblioteca universitaria de Santiago. Y lo que se lloró el derribo de la Casa Guzmán.

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