Una traductora de textos budistas con vida intensa

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Celia, que reside en Londres, volverá en breve a Pontevedra para oficiar una ceremonia de rituales de amor

13 jun 2017 . Actualizado a las 12:13 h.

En uno de los muchos comentarios que cuelga Celia Gradín en Facebook, al lado de varias fotos suyas, alguna en un aeropuerto y otra en una estación de metro, pone lo siguiente: «Viendo el mundo a través de una maleta. Me encanta viajar ligera de equipaje». Quizás no sea esta una mala definición de su vida. Pero Celia Gradín, nacida en Ponte Caldelas y con núcleo familiar en Pontevedra, no es solo una enorme viajera con años de vivencias en la India o Nepal. Es que su propia existencia, que cuenta con entusiasmo por teléfono desde Londres, donde ahora mismo está residiendo, es un viaje emocionante a cosas muy distintas; tuvo trabajos tan dispares como dar clases de arte, traducir libros, cuidar a una anciana, dar conferencias en ambientes universitarios, instruir sobre feng shui o hacer periodismo al lado de Julia Otero; vivió en lugares muy distintos del planeta; es artista polifacética, se involucra en numerosas causas sociales y, encima, todo lo que cuenta está rodeado de una atmósfera tan misteriosa que uno jamás dejaría de coserla a preguntas.

Empieza mirando atrás. Nació en Ponte Caldelas, pero su familia se mudó a Ferrol cuando era pequeña. De ahí, ella se marchó a estudiar a Santiago con una vocación muy clara: la de ser alquimista. Estudió Química y Física y parecía que por ahí encaminaría su vida laboral. De hecho, se marchó a Barcelona, tuvo un trabajo relacionado con lo que había estudiado, en una empresa de cromatografía de gases a alta presión que, según explica, es en lo que se sustentan los análisis químicos que, por ejemplo, se utilizan para el dopaje. Su existencia, desde joven, estuvo marcada por los viajes. De Cataluña dio el salto a Londres, donde empezó de empleada del hogar y continuó luego dando clases en la UNED y estudiando arte. En aquellos años le interesaba especialmente todo lo que tenía que ver con la tipografía y el diseño gráfico. Un día regresó a Ferrol, y trabajó en una televisión. Más tarde, volvió a Barcelona. Y empezó entonces a coquetear en serio con el arte en el sentido más amplio de la palabra. Se dedicaba, sobre todo, a hacer mosaicos con cerámica y otros materiales. Pero también a estudiar y a investigar. De hecho, en aquellos años hizo un doctorado en Teoría del Conocimiento.

Descubrimiento del budismo

No detalla muy bien la fecha, ni el cómo ni el por qué. Pero en esa estancia en Barcelona hubo algo que cambió totalmente su paso por la vida. Descubrió el budismo. Y empezó a mirar el mundo con otros ojos. A partir de ahí, todas las enseñanzas orientales le atrajeron. En la conversación empiezan a colarse entonces nombres de maestros a los que alude. Cuenta también que se metió a fondo con la traducción de textos de filosofía budista, cosa que combinaba entonces con trabajar al lado de Julia Otero en TV3.