Una larga senda con ventanas a la ría que envejece con dignidad

Se construyó a mediados de los noventa, cuando se le quiso poner el nombre del fundador del PSOE, Pablo Iglesias


PONTEVEDRA / LA VOZ

La prueba no falla. Media mañana de un lunes. Uno se para en medio y medio del paseo de las playas de Lourido y, en menos de cinco minutos, tiene la oportunidad de saludar a más de treinta personas. Sí, treinta. Por allí pasan jóvenes que van a la carrera; mayores que pasean con sombrero en la cabeza y bastón en la mano; varias mujeres en mallas y tenis de caminata; dos patinadoras; tropecientos ciclistas... Esta veterana senda, construida a mediados de los noventa, tiene una enorme afluencia de público. La tiene los días laborables. Y la tiene, sobre todo, los fines de semana, cuando, como ayer decía una vecina de Lourido, «aquí non se pode case nin andar».

Ya que el paseo está concurrido, la pregunta a los usuarios está clara: ¿por qué eligen esta senda, incluso viviendo en Pontevedra ciudad, y no cualquier otra para caminar o correr? «Preferimos venir aquí porque es llanito y porque, sobre todo, hay sitio para aparcar», señala un matrimonio entrado en años que inicia el recorrido a la altura de la nave de Froiz y se dispone a caminar hasta Campelo. «Tienes donde aparcar y encima caminas viendo el mar, esto no lo tienes en otros sitios de Pontevedra. Además tiene una longitud considerable, lo que da margen a hacer deporte un buen rato», insiste un hombre que suda la camiseta haciendo footing. Así, uno tras otro usuario. Hablan de que hay aparcamiento y de que el firme permanece en buen estado. La gran mayoría alaban las bondades de la senda. Solo alguno esgrime alguna queja: «Los adoquines que hay de cuando en vez sobran, es un rollo pillarlos con los patines», dice una joven, «tería que haber máis bancos para os maiores», añade una señora.

En un recorrido de arriba a abajo, efectivamente, se comprueba que el paseo tiene un número de servicios considerable. Desde un parque infantil o un área deportiva para mayores a aparcamiento pasando por carril bici o espacio para los peatones. Amén de chiringuitos al otro lado de la carretera en los que poder parar a tomar algo. Se echa de menos, eso sí, la sombra en algunos puntos y una conexión peatonal con Pontevedra. Ese último deseo, el de que pudiese irse caminando a través de una senda hasta el puente de A Barca -un proyecto del que se habló en numerosas ocasiones-, la expresan en voz alta un buen número de personas.

Lavado de cara

En medio de la senda, ayer, trabajaban unos operarios del Concello de Poio. Estaban levantado algunos adoquines que se fueron quedando enterrados en la senda. La idea es evitar tropiezos, sobre todo ahora que viene la época fuerte de los paseos. Uno de esos trabajadores se acordaba de que, en el año 1994, estaba el paseo en plenas obras. Lo hizo Costas, no sin problemas de por medio. El Concello le echaba en cara entonces que algunas actuaciones iban a ritmo muy lento y también hubo una polémica por el nombre que se le pondría. El PSOE quería llamarle Pablo Iglesias y el PP montó en cólera.

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