Mollavao también existe

Un barrio tan próximo al centro de la ciudad como olvidado, presenta numerosas deficiencias y reclama un plan de reforma integral


En pocas zonas de la ciudad de Pontevedra se aprecia un desequilibrio tan manifiesto como en el barrio de Mollavao donde parece que las mejoras urbanas de las dos últimas décadas, no han llegado; ni siquiera rozado. El reconocidísimo «modelo de cidade» del que hacemos gala, se desconoce allí. Salvo el flamante paseo peatonal de Beiramar, la reconocida como «ruta del colesterol», Mollavao carece de actuaciones sustanciales. Ya sea en viales, aceras, zonas ajardinadas, equipamientos o en cuestiones más básicas como limpieza y alumbrado. Por ejemplo: ¿A ver cuántas papeleras encuentran entre la esquina de Rosalía de Castro con Manuel del Palacio, hasta la Casa del Mar?

Durante las dos últimas semanas, La Voz de Galicia ha realizado un intenso chequeo a las necesidades de este barrio, reflejado en sucesivos reportajes que acreditaron numerosas deficiencias. Alguna tan flagrante como el estado de abandono de la finca de la antigua Malvar Construcciones. La denuncia realizada a través de este periódico motivó la apertura por el Concello de un expediente urbanístico a la inmobiliaria que actualmente detenta tal propiedad para que solucione el calamitoso aspecto del citado solar. La información ofrecida puso de manifiesto que la basura se ha apropiado de esas instalaciones. Un predio sobre el que el Concello de Pontevedra mantiene una opción de compra con miras a ejecutar una pretendida zona de ajardinamiento, parque y recreo. Pero de momento, Altamira Asset Management, sociedad instrumental del Banco Santander que se dedica al negocio inmobiliario y que es la propietaria de la finca desde que Nino Mirón perdió la propiedad, se ha escaqueado de cualquier responsabilidad sobre la limpieza y salubridad del solar. Ahora le toca al gobierno municipal apretarles las clavijas.

Vecinos que se ven marginados

El incipiente movimiento vecinal que se ha organizado en Mollavao durante las últimas semanas tiene como punto de partida la sensación común de sentirse marginados. Está claro: algo no ha hecho adecuadamente el gobierno de Miguel Anxo Fernández Lores durante los cinco mandatos que acumula cuando un puñado de miles de ciudadanos coincide en tal sensación. A pesar de haber votado mayoritariamente por el BNG en los últimos comicios municipales.

En una carta abierta al alcalde que acaban de difundir, describen de modo muy gráfico esa sensación: «Nestes case 18 anos de vostede como alcalde, puidemos observar o gran cambio que deu a cidade, pasando dunha vila máis a un modelo internacional pero que a grandes trazos, para nós, quedou ao outro lado de Fernández Ladreda».

En el último pleno de la Corporación, una moción del grupo municipal del PSOE intentó obligar al gabinete a ejecutar las mejoras que se demandan. La aritmética impidió la exigencia. El empate a 11 votos, por las respectivas ausencias, soslayó la reprimenda al alcalde y equipo. Pero fue una victoria pírrica. Se anuncia una sucesión de mociones en próximas sesiones de la corporación local que terminarán por surtir el efecto buscado: reclamar una reforma integral del barrio de Mollavao como hasta ahora no se ha querido acometer.

En su descargo, el alcalde Miguel Anxo Fernández Lores afirmó en una reciente comparecencia que entendía las demandas vecinales de zonas de la ciudad como Mollavao pero pedía «un pouco de paciencia e de confianza por que non hai un ánimo de discriminar a ninguén». Y a continuación el regidor apeló a «cuestións burocráticas que complican actuacións nese barrio».

Competencias cruzadas

Probablemente uno de los mayores inconvenientes para haber atendido antes y mejor las demandas de Mollavao, tenga que ver con el cruce de competencias y titularidades que se dan en esta zona. Particularmente con la carretera vieja a Marín, que viene a ser la continuidad de la Rúa Rosalía de Castro y que transcurre como bisectriz del barrio. Al tratarse de un vial de titularidad autonómica, ocurre que Concello y Xunta se pelotean la responsabilidad sobre la limpieza y mantenimiento de las aceras y demás elementos del vial. Parece claro que si existiese un ánimo común, la resolución de este problema pasaría por un convenio de colaboración como los suscritos por el Concello, ya con la Xunta, ya con el Ministerio de Fomento, que posibilitaron actuaciones en otros barrios de la ciudad. El incipiente movimiento vecinal surgido en este barrio ha interesado ya al vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda a que se informe con el propósito de motivar un acercamiento de posiciones con el Concello.

Asimismo resulta imprescindible que se acuerde una colaboración con Audasa y con diversos propietarios privados. El Concello necesitaría del conforme de la firma que explota la AP-9 para resolver el estado calamitoso de abandono que se da en las instalaciones de la antigua pista de skate y demás espacios bajo el puente de la Autopista convertidos en aparcamiento de coches y vertedero descontrolado.

Igualmente, el Concello deberá concordar con particulares otras actuaciones ineludibles. Es el caso de la antigua finca de Pazó, cuya fachada principal está convertida también en aparcamiento en un terreno impracticable que ofrece una imagen pésima en una de las vías de acceso a la ciudad con un vertedero de escombros incluido.

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