El trozo de ciudad que parece sacado de una película de los sesenta

En esta zona de añejas viviendas sociales se juega en la calle, las bicis duermen fuera y hay hasta barbacoas a pie de acera


pontevedra / la voz

Para vencer la nostalgia de la España pretérita, de los años sesenta, setenta u ochenta, hay quien cada jueves se sienta frente al televisor y disfruta con los Alcántara y esa incombustible serie llamada Cuéntame. Pero en Pontevedra no hace falta plantarse frente al televisor para retroceder a esa época. Hay un barrio que, aunque con muchos servicios del siglo XXI y con vecinos bien orgullosos y contentos con el sitio donde viven, podría protagonizar una peli de los sesenta, la época en la que fueron levantadas muchas de sus casas. Es la denominada barriada de A Seca, que guarda cosas tan genuinas de esa época como los tendales en todas las ventanas, algún que otro niño jugando en la calle, los vecinos sentados en corrillo a media mañana entre sus viviendas, las bicicletas y otros cachivaches guardados a pie del portal, las barbacoas en medio de las casas, los jardines adornados con plantas puestas en calderos de plástico... Y un largo etcétera.

A media mañana de ayer, en buena parte de las ventanas de las antiguas viviendas de A Seca había alguien tendiendo ropa. Casi todos los residentes son mayores. Y llevan en el barrio desde que se construyó, hace sesenta años. Es el caso de Isolina, de 95 años, que está en la ventana con su hijo Carlos. Dice él que su madre es la más veterana de la barriada. La mujer indica: «Yo estoy encantada aquí, pero me gustaba más antes, no había tantos gamberros», indica. Carlos cuenta lo que luego dicen algunos otros residentes, que de cuando en vez pasan cosas malas, como que cortan la luz por la noche para luego acabar robando. «Pero eso no es gente del barrio. Aquí se vive bien y está todo bastante arreglado, los del Concello lo hacen bien», insiste. Igual de contenta está María Argentina, otra de las veteranas de la barriada, que añade: «Yo no cambio esto por un piso, esto es una residencia fenomenal. A mí me da el sol en mi casita todo el día por delante y por detrás. ¿Dónde tienes eso en un edificio? Nada, yo encantada aquí», indica la mujer.

Hablan los jóvenes

¿Y los jóvenes, qué cuentan los jóvenes? A media mañana, hay varios que están sentados en unas sillas de playa delante de una vivienda. Tienen en el regazo a Daniela, que al parecer es la residente más pequeña de la barriada, con seis meses de edad. Sus padres tienen visiones muy distintas sobre A Seca. A él le encanta, y quiere que su pequeña crezca ahí. Dice que podrá salir a jugar fuera cuando quiera sin peligro de coches ni de otras cosas. La madre indica que no, que a ella no le gusta, y que se marcharía encantada.

Aparecen más vecinos que hacen corrillo y dicen: «Aquí se está de maravilla, los vecinos somos los de siempre, nos conocemos y nos ayudamos». Eso sí, ellos cuentan algunas de las carencias que detectan. Indican que se construyó un parque, pero que los entretenimientos se rompieron -algunos hablan de vandalismo- y ahora se necesitan otros. Indican que se recogen firmas para solicitar esa mejora.

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