Noche de uvas, y ninguna canasta

Derksen, Holmberg, Keita, Bauzá, Homs, Simeón y Adón celebraron Fin de Año «a la gallega»


Pontevedra / La Voz

«No, no sabía que daba buena suerte comerse las uvas». ¿Pero las tomas todas? «Sí». ¿A tiempo? «Sí», responde Tim Derksen, uno de los dos jugadores norteamericanos que todavía conserva el Marín Ence Peixe Galego tras la marcha del tercero, Alec Kobre, hace un par de semanas. Fue el único de todo el baloncesto profesional de la comarca de Pontevedra que pasaba la Nochevieja por primera vez tan lejos de casa. Aún así, lo hizo en familia. La de Toño Casal, el médico del club, que invitó al rookie y al segundo entrenado, Victor Holmberg, a despedir el año como dos más de casa. Los dos se apuntaron a todas las tradiciones gallegas propias de la fecha, y disfrutaron del ambiente familiar del que sus anfitriones inundaron el lugar. Eso sí, no se habló apenas de baloncesto, «cosa que agradecí mucho».

Tampoco se tocó el tema apenas en casa de Puerto Piñeiro, una de las peixiñas más entregadas a la causa. El año pasado acogió a Edmond Koyanouba entre sus hijos para celebrar Nochevieja, y este año la familia se amplió en tres miembros más. José Simeón, Marc Bauzá, Albert Homs y Gregorio Adón se unieron por unas horas a la rutina de la marinense para tomar las uvas y brindar con champán con ella, su marido y sus hijos. «Como es la que nos hace siempre la comida y pasamos mucho tiempo con ella, y además conocemos también a su marido y a sus hijos, quisimos pasar la noche con ella. Vas a estar más cómodo, y si tienes que pasarla fuera casa, mejor si es en confianza», explica este último.

Cinco de la madrugada

Rozaban las cinco de la madrugada cuando los invitados adoptados por los Piñeiro volvieron a sus habitaciones. Contaron, sobre todo, anécdotas -«cuando uno tarda mucho en la ducha le cortan el agua caliente», reía ayer Puerto al recordarlo, «y también bromearon sobre cómo se organizan, como cuando ponen la lavadora»- y, como Adón era el único extranjero del grupo, aprovechó para acercarlos un poco más a su cultura. De canastas apenas se habló. Ninguno de ellos quiso hacerlo. Para eso ya tienen el resto del año.

A Minata Keita también le sobrará tiempo para charlar con su entrenadora y su compañera de equipo, Mayte Méndez y Aldara Vázquez, respectivamente, sobre el Arxil. El sábado fue la cuarta vez que despide un año en España, lejos de su Mali natal. Y la segunda que se lanzó a la tradición de las uvas. El pasado, en Tenerife, y este, en Pontevedra. «Las tomé con todo el mundo porque dicen que da buena suerte», explicaba. Solo se saltó el champán por cuestiones religiosas, pero no el brindis. Una cola dio más color a su fin de año a la gallega. Keita conoce bien las costumbres españolas. El resto, lo irá haciendo poco a poco. Es lo que toca cuando tu familia de adopción es de otro país.

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