El profesor con una jubilación «maldita» que quiere volver a dar clases a los 72 años

Tan fumador como lector y apasionado del Latín, intentará volver a la actividad docente que tanto echa de menos


pontevedra / la voz

Hace unos días, Pontevedra amaneció nublada, vamos, con niebla. Para el común de los ciudadanos, esa circunstancia, seguramente, apenas varió su día. Quizás comentaron con alguien que menuda mañana más grisácea. Pero nada más. En cambio, para Prudencio Chamorro, para el profesor pontevedrés Chamorro, esa niebla matinal tuvo más trascendencia. «Yo siempre voy pensando en algo por la calle. Ese día, con la niebla, empecé a pensar en la bruma, y de ahí pasé a la palabra gallega brétema... Y estuve mirando de qué étimo latino proceden las dos y qué significado concreto tienen. Vienen de brevis, breve y hace referencia a que es una luz muy corta, porque un día de bruma es eso, un día sin apenas luz», explica él. Lo que cuenta es una anécdota, pero sirve para ir conociéndole. Porque lo que más llama la atención de Chamorro es, precisamente, esa pasión suya por las palabras, por el Latín. Por algo fue profesor de esta materia. Y por algo, a sus 72 años, está dispuesto a luchar para dejar a un lado la jubilación que empezó en el 2015 y volver a la actividad docente.

El profesor Chamorro nació en Corrales del Vino, un pueblo de Zamora donde aprendió nociones de agricultura. Dice que tuvo una infancia feliz pese a las penurias propias de la posguerra. Se marchó joven a estudiar a Salamanca. Cuenta que, ya desde adolescente, empezó a buscarse la vida para no depender económicamente de su familia: «Daba clases particulares y conseguía becas. Y así pude ir estudiando». Se acuerda de que lo premiaron en los Juegos Florales de Poesía de las Juventudes Españolas. Y todavía recita de memoria el poema con el que ganó. Fue universitario de los años sesenta. Él, que es preciso hasta el milímetro a la hora de usar el lenguaje, prefiere decir que era inquieto antes que rebelde. Pero reconoce que corrió delante de los grises y que se llevó unos cuantos porrazos de la policía franquista. «No nos gustaba el sistema político y se lo dejábamos claro... Y pegar nos pegaban», señala mientras enciende el primero de los tres o cuatro pitillos que fumará durante la conversación en la terraza de un bar.

En el Sánchez Cantón

Vino a Galicia ya convertido en profesor. Fue primero a dar clases a la facultad de Filología Clásica a Santiago. Y luego centró ya toda su carrera profesional en un instituto pontevedrés: el Sánchez Cantón. Ahí enseñó Latín, y en los últimos años también de Griego, a generaciones y generaciones de estudiantes. Dice con contundencia que en sus clases nunca faltaron tres premisas básicas: «Orden, respeto y trabajo. Si uno no aplica eso es imposible impartir una materia», indica él. En el 2015, «a la fuerza», señala él, tuvo que jubilarse. No quería hacerlo. Y sigue sin gustarle la vida de pensionista. «Soy feliz, reconozco que soy feliz. Pero creo que mi sitio sigue estando en la actividad docente, que tanto yo como muchas personas de mi edad tenemos mucho que aportar todavía. Para algunos la jubilación es bendita y para mí es maldita. Yo deseo volver a trabajar e intentaré hacerlo. Con esto de las nuevas leyes, de la reforma laboral, a ver si es posible. No quiero quitarle el puesto a ningún joven, yo creo que hay sitio para todos. Y que deberían aprovecharse de la experiencia y los conocimientos que tenemos».

Mientras mira si se puede incorporar o no, Prudencio Chamorro no pierde el tiempo. Vive solo. O no tan solo, porque desde hace un par de meses está encantado de cuidar un canario que canta «más de diez minutos» cuando él entra por la puerta. Bautizó al animal como Pieper en homenaje a Josef Pieper, autor de Las virtudes fundamentales, uno de los libros que está leyendo y que más le apasionó en los últimos tiempos. Aprovecha la referencia literaria para contar que, cada mañana, se autoimpone dos horas de lectura obligatoria. A veces también escribe, ora en poesía ora en prosa. Le gusta tratar temas de actualidad. «Últimamente escribí de la altísima mendicidad que veo en Pontevedra. Es muy triste toparte con tantas personas pidiendo. Yo compro dos paquetes de pitillos, salgo a la calle y cuando vuelvo repartí más de una decena de cigarros entre personas que me van pidiendo», señala.

La referencia a la actualidad hace que la conversación cambie de rumbo. Y que Prudencio Chamorro hable ahora de política, de los cambios en la sociedad. Dice él: «Los desahucios son una blasfemia contra la Constitución, que indica que todos tenemos derecho a una vivienda digna». Divagamos sobre la nueva y la vieja política. Él se ha leído todos los programas electorales. Y ve «poco contenido» en ellos.

Se hace tarde. Llevamos dos horas conversando. Y alguien mira el reloj. Él, aprovecha para terminar con una frase hermosa: «Somos esclavos del tiempo. La gente dice que qué rápido pasa el tiempo. Pero el tiempo no pasa, pasamos nosotros por él. El tiempo, aunque lo queramos controlar, es el único que es eterno».

sus gustos

Una obra literaria. Recomienda muchas. Pero cita en especial la actualización al castellano moderno que hizo Andrés Trapiello de Don Quijote.

Un personaje. Su pensador de cabecera es Miguel de Unamuno.

Una película. Vio en repetidas ocasiones Esplendor en la hierba.

Un viaje. Le apasiona especialmente Italia y Grecia.

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