Con trabajo, pero igualmente pobres

Familias con empleos tienen que recurrir a las oenegés para pagar recibos básicos


pontevedra / la voz

«La crisis nos dejó una herencia terrible. Después de años ayudando a familias sin empleo, ahora tenemos que darle apoyo a un buen número de trabajadores pobres. Son familias en las que uno de los dos miembros consiguió un empleo, o incluso los dos... Pero que lo que perciben es tan poco que no llegan a final de mes y necesitan ayuda para pagar los recibos más básicos, para que no les corten la luz o no los echen de sus casas. No figuran en el paro, y parece que las cosas van mejor, pero ellos siguen siendo pobres». La frase la pronuncia María Jesús Pietro, directora de Cáritas Interparroquial de Pontevedra. Y con palabras similares habla Jesús Busto, de Amigos de Galicia, o los responsables de la oenegé Boa Vida. «Hai xente que, efectivamente, está traballando. Pero ao mellor perciben 500 euros ao mes... Tendo dous fillos ou máis xa me dirás que fan, ou comen ou pagan os recibos», señala Jesús Busto, que dirige un colectivo que en Pontevedra ayuda con las facturas a 16 familias.

Cáritas, Cruz Roja y Boa Vida también están pagando recibos, de luz, agua, alquiler... Y muchas facturas farmacéuticas. Cáritas todavía no tiene números del 2016. Pero dice que se mueve en cantidades similares al 2015 cuando, por ejemplo, se encargó del pago de 82 recibos de alquiler y de 149 facturas de suministros para evitar cortes de luz o de agua. Cruz Roja, en lo que va de año, pagó ya 31 recibos de luz, agua o gas. Asimismo, se encargó del coste de sacar la tarjeta sanitaria o del DNI de 49 personas. Amén de las más de mil entregas de alimentos, productos de higiene o medicamentos a 429 personas. En el caso de Boa Vida, lo que hace es realizar préstamos económicos a familias en circunstancias críticas. Este año son consciente de que no recuperarán 600 euros. «Sabemos que algunhas persoas non nos van poder devolver o importe, porque a súa situación segue a ser moi preocupante», indica una portavoz de este colectivo.

«Sigue siendo muy duro»

Todos estos datos aportados por las oenegés se convierten en losa cuando uno les pone cara. Ocurre eso cuando uno conoce a personas como Claudia. Ella, su pareja y los cuatro hijos que tienen vivían en Madrid sin demasiados apuros. «No es que nos sobrase, pero no teníamos problemas», señala. Su pareja pertenecía al gremio de la construcción, así que le vio primero las orejas al lobo cuando estalló la burbuja y, conforme al crisis avanzó, se topó con la alimaña entera de frente. Se quedaron los dos sin trabajo. Se vinieron a Galicia y les tocó apoyarse en las entidades benéficas para poder sobrevivir. Necesitaron ayuda para todo: desde alimentarse hasta pagar las facturas. Hace unos meses, Claudia contaba a este periódico, llena de emoción, que acababa de firmar su primer contrato de trabajo después de mucho tiempo. Todavía sigue estando empleada. Y continúa encantada por tener un lugar donde trabajar. Pero reconoce que, siendo seis en casa, el dinero sigue sin llegar. «En el día a día aún vas tirando, pero cualquier revés, cualquier recibo a mayores, ya no puedes». El otro día Cruz Roja les mandó alimentos: «Fue una bendición», dice.

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