La pradera de las cenizas

El gobierno de «Lorix» vuelve a reivindicar su condición de «aldea irreductible» frente a la prohibición del papa Francisco de esparcir cenizas mortuorias al aire libre


Apenas unas horas después de que el Vaticano recordase a los fieles de la Iglesia católica que prohíbe taxativamente esparcir las cenizas mortuorias de quienes fueron incinerados, el Concello de Pontevedra anuncia que para la festividad de Difuntos del 2017 aguarda disponer de una pradera en una parcela del cementerio de San Mauro donde se podrán aventar los restos que queden después de la cremación. La pradera de las cenizas.

La decisión municipal, fundamentada en la línea de actuación laicista marcada por el BNG desde su llegada a la alcaldía en 1999, cuando decidió apartar la actividad política de la religiosa, se ha difundido en unas fechas de especial resonancia. Y no solo por la reciente instrucción del sumo pontífice, sino también por que serán miles de pontevedreses los que acudirán en las próximas jornadas hasta San Mauro y demás necrópolis del municipio. Y a buen seguro que éste será tema de tertulia.

Una vez más el gobierno municipal de Lorix vuelve a reivindicarse en la condición de aldea irreductible frente a un imperio. En este caso el imperio romano, católico y apostólico. De modo que, de la misma manera que se enfrenta a Sogama y apuesta por el compostaje; o decide pagar una extra a los funcionarios municipales contraviniendo una decisión de ámbito estatal o incluso declara «persona non grata» al convecino que vuelve a ser presidente del Gobierno de la nación; también opta por ofrecer a la ciudadanía una alternativa frente a la recientísima instrucción del papa Francisco.

En vísperas de festividades tan vinculadas al recuerdo de nuestros seres queridos ya desaparecidos, el Ayuntamiento pontevedrés informó que se apresta a atender lo que, sin duda y pese a lo que diga el papa de Roma, es una demanda creciente.

Demanda creciente

Voltar á terra es el nombre del proyecto que el gabinete municipal acaba de presentar a fin de atender una demanda ciudadana que, evidentemente, desoye la instrucción Ad resurgendum cum Christo que acaba de difundir el papado sobre la materia en cuestión.

Parece más razonable, desde el punto de vista de una institución pública que se normalice una práctica conforme a la voluntad de un porcentaje cada vez más creciente de la población. Las encuestas sociológicas reflejan que las incineraciones suponen ya un 20 por ciento entre los fallecimientos que se producen en Galicia. De modo que habilitar un espacio adecuado y ornamentado en el principal camposanto municipal, para que quienes así lo deseen, puedan esparcir las cenizas de sus seres queridos, resulta ser una acertada decisión al margen de credos.

Diversas sensibilidades

Que un papa tan aparentemente aperturista como el argentino Jorge Mario Bergoglio se incline por censurar la creciente tendencia por guardar las cenizas de los seres queridos finados en los hogares o bien esparcirlos en espacios abiertos, parece entrar en profunda contradicción con otros gestos y actos del actual papado que semejan un mayor progresismo. Aunque no se nos puede escapar que la Iglesia católica está llena de matices. O dicho en términos de la política: diversas sensibilidades. Y frente al discurso conservador (muchas veces ultraconservador) de la Congregación de la Fe que se encarga de la cuestiones doctrinarias en el Vaticano, hallamos felizmente a sacerdotes como Raúl Lage, párroco de la feligresía de San Bartolomé, cuyo argumentario es muchísimo más conciliador como reflejaban sus declaraciones del sábado a La Voz de Galicia sobre esta cuestión. Este cura decía que si bien la Iglesia católica prefiere que los muertos sean sepultados, se acepta la cremación y, particularmente él, entendía que las cenizas «son restos y como tales hay que respetarlos».

Mascarada con la Plaza de Toros

Esta semana hemos asistido a una polémica sobre la presunta participación del Ayuntamiento en la propiedad de la Plaza de Toros, a raíz de la denuncia realizada por Marea Pontevedra en el pleno del lunes y el posterior desmentido del gabinete municipal. Una polémica tan bizantina como artificiosa.

¿De verdad, le importa a alguien si el coso de San Roque es propiedad municipal, siquiera parcialmente? ¿De veras ese sería el motivo central del asunto? O por el contrario, ¿la auténtica naturaleza de la controversia estriba en el debate toros, sí; toros, no que viene gravitando cada verano en coincidencia con los espectáculos que alberga el coliseo pontevedrés?

Sinceramente: creo que a una mayoría de la ciudadanía nos importa un pimiento si una doceava parte de la plaza de toros o ninguna es de propiedad municipal. La auténtica raíz del asunto tiene que ver con ese debate cuya virulencia en Pontevedra es manifiestamente menor.

Marea Pontevedra no puede ni debe escabullir que ese es el auténtico motor de su presión: marcarse el tanto político de ser quien propicie eliminar la presencia de los toros en las fiestas de verano de la ciudad. Y del mismo modo, el BNG tampoco puede disimular el discurso cínico que mantiene en este asunto: públicamente dicen abominar de los toros, pero pragmáticamente se ponen la pinza en la nariz y los subvencionan con fondos municipales so pretexto de un convenio para usar el coso en la Feira Franca y poco más, conscientes de que hoy por hoy no se los pueden cargar.

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