Un ejercicio de supervivencia

El primer año de la actual corporación refleja la dificultad del gobierno local del BNG para gestionar en minoría sorteando las recurrentes pinzas por parte de la oposición

El pleno en el que se declaró persona non grata a Rajoy fue, con diferencia, el más tenso del año.
El pleno en el que se declaró persona non grata a Rajoy fue, con diferencia, el más tenso del año.

El martes 24 se cumple el primer aniversario de las últimas elecciones municipales que depararon en Pontevedra una corporación pentapartita y la victoria más rotunda de Miguel Anxo Fernández Lores desde que rige los destinos de la ciudad. Para los anales quedan los datos: 43 de cada 100 votantes eligieron la papeleta del Bloque, lo que supuso reunir 17.050 sufragios que depararon 12 concejales, su mejor registro de siempre. Lores y el BNG asumieron su quinto mandato consecutivo con una perspectiva radicalmente diferente a legislaturas anteriores: gobierno en minoría frente a cuatro grupos municipales que suman trece concejales. Tales antecedentes marcan lo ocurrido en estos doce meses.

Por primera vez desde que en 1999 llegó a la alcaldía, Miguel Fernández Lores comanda un equipo de gobierno sin apoyos. En los cuatro mandatos anteriores, de una forma u otra, BNG y PSOE se llegaron a entender. Ya con aquel pacto de gobernabilidad que Roberto Taboada y los suyos accedieron a establecer en la primera legislatura de Lores que resultó la más convulsa socialmente; bien con gobiernos de coalición que se sucedieron entre 2003 y 2015 con reparto de carteras y competencias ejecutivas. Pero desde el pasado 24-M, el paisaje es otro aunque urge decir que fue el elegido por el BNG. Desde horas después de conocerse el resultado electoral, Lores y sus colaboradores ya optaron por la fórmula del gobierno en solitario.

Doce meses más tarde, a la vista de los acontecimientos, se aprecia que adolecen de la cintura necesaria para sobrellevar esa condición de minoría mayoritaria, lo que les condujo a un ejercicio de supervivencia para superar varias pinzas de la oposición, así como diversas derrotas en plenos corporativos y en comisiones. La polémica instalación de lombos en las rutas de acceso al Hospital Montecelo o el relanzamiento de un nuevo PXOM han sido asuntos en los que el BNG ha sido derrotado, aunque los poderes que confiere la Ley de Grandes Ciudades a la junta de gobierno le ha facilitado escabullir los mandatos plenarios.

En ese ejercicio de supervivencia, el alcalde y su equipo han llegado a valerse del voto de calidad del primer edil para deshacer el empate que propició la baja de César Abal por una intervención quirúrgica en la aprobación de los presupuestos municipales de este ejercicio. En otras situaciones, contando con apoyos inesperados, como cuando el PP les echó un capote votando codo con codo con el BNG para evitar que prosperase la declaración de ciudad antitaurina que pretendía el resto de la corporación.

No se atisban pactos

Las sospechas que en meses anteriores recayeron en María Rey, de quien los propios críticos de Ciudadanos aventuraban que tardaría poco en echarse a los brazos del gabinete nacionalista, han naufragado por la evidencia de los hechos. La única concejala de C?s sigue su propia trayectoria -a veces desconcertante-, pero tan independiente como hace doce meses, como refleja su actuación al frente de la comisión especial para la redacción de un nuevo Plan de Urbanismo.

Dado que en este mandato el BNG tiene como compromiso estelar desarrollar la planta de compostaje esa será, sin duda, la piedra de toque para evaluar si cabe alguna remota posibilidad de acercamiento a potenciales socios. El proyecto de A Canicouva genera la expresa oposición del PSOE y Marea, lo que supone una sima insalvable que anula cualquier hipotética colaboración futura de carácter estable. La renuncia a ese emprendimiento no entra en los planes del gabinete nacionalista, que ya firmó el contrato de arrendamiento con los comuneros.

Otra cuestión será que haya confluencias esporádicas y puntuales por coincidencia de intereses estratégicos, como ha ocurrido en asuntos concretos como el rechazo a la prórroga otorgada a Ence o la declaración de Mariano Rajoy como persona non grata. Ambos acuerdos plenarios -de lo más comentado de este año transcurrido- evidencian que las relaciones institucionales entre Concello de Pontevedra y Gobierno de la nación persisten bajo mínimos.

Diferente interlocución

Miguel Fernández Lores propuso en su discurso de investidura de hace un año «un cambio de rumbo» en los niveles de interlocución con las administraciones central y autonómica. Resulta obvio sospechar que las cosas con Madrid habrán ido a peor en general y de modo particular con el presidente en funciones. Quizá la única excepción venga dada por la ministra de Fomento, Ana Pastor, con la que sí se mantiene un adecuado nivel de diálogo y colaboración.

Diferente calificación merece la interlocución con la Xunta de Galicia. La entrevista institucional que mantuvieron Lores y Feijoo el pasado verano (después de seis años de desencuentros) sirvió para desatascar el contencioso de la deuda del Concello con Sogama que se zanjó en tablas, con cesiones por ambas partes. Hay otros indicadores de una cierta distensión lograda desde entonces: parece que la construcción del segundo edificio judicial en A Parda también se habría desbloqueado y, sobre todo, la decisión del Sergas de reenfocar la ampliación de Montecelo desestimando el proyecto de Monte Carrasco, reconduce hacia la necesaria colaboración entre administraciones para la mejora de la asistencia sanitaria en el área norte de la provincia.

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