Todos podemos ser Elena

La sentencia que otorga la razón a la cocinera por el pleito del restaurante Rúa es uno de los tres fallos judiciales que marcaron la semana en Pontevedra


La semana ha estado marcada por tres sentencias emanadas de órganos judiciales de Pontevedra que marcan rutas informativas muy interesantes. Ya sea porque restituyen la razón tras muchos años de pleito, como ocurre con la causa de Elena Argüello por la venta del restaurante Rúa. Ya por que sientan jurisprudencia, como ocurre con el fallo de la Audiencia Provincial que anula una cláusula suelo que impedía vender una vivienda hipotecada. O bien porque proponen un nuevo escenario de negociaciones, como tendrá que ocurrir necesariamente entre comuneros de Mourente y el Sergas para acordar sobre los terrenos donde se asienta la residencia sanitaria Montecelo, cuya titularidad vecinal viene de ser reconocida por un juzgado de esta capital.

Por la popularidad de la persona y como prueban el número de descargas en la página web de La Voz de Galicia, la sentencia que otorga la razón a la cocinera Elena Argüello ha sido una de las noticias de mayor impacto ciudadano.

Generaciones de pontevedreses recordamos el restaurante Rúa, en As Corbaceiras, donde Elena estuvo al frente de los fogones durante 35 años. En 1992, una inmobiliaria interesada en el solar le propuso adquirir el inmueble y Argüello decidió vender. La compra-venta fue firmada y acordada mediante el pago de 27 letras que avaló un banco. Concretamente el Banco Central Hispano, ahora convertido en Banco Santander después de fusionarse a finales de los 90 con la entidad de la familia Botín.

La inmobiliaria quebró y Elena planteó al banco que afrontase el aval y ejecutase el pago de las 18 letras que quedaban pendientes. Ahí fue donde la popular cocinera tropezó con el mastodonte. Quien haya tenido un contencioso con un banco, con una aseguradora, con una compañía telefónica o eléctrica, o bien con una Administración conoce en carne propia la desproporción de fuerzas. El pez grande se niega a pagar por principio; judicializa estos asuntos jugando a su favor con los factores de tener el dinero necesario para alargar el pleito y, por supuesto, todo el tiempo del mundo aguardando que el pez chico se aburra y se rinda.

En este caso también creyeron que Elena y sus hijos desistirían. Afortunadamente para la familia Cao Argüello no fue así. El pleito comenzó en 1994 y se acaba de sustanciar favorablemente para sus intereses? ¡22 años más tarde!

Durante este tiempo Elena tuvo que reinventarse profesionalmente. Ella, que nació en la cocina del establecimiento que regentaban sus padres; que guisó sus primeros platos a los catorce años y que estuvo media vida regentando el Rúa, se vio en la necesidad de replantear su actividad profesional. Afortunadamente, tanto para niños y jóvenes, como para adultos, Elena se ha venido dedicando a impartir cursos de cocina contratada por numerosos ayuntamientos y entidades con notable éxito. Al mismo tiempo se asomó al mundo de las nuevas tecnologías, consciente de que Internet abre muchas puertas. Y como ella misma escribió en su blog «sé de cocina tradicional, pero mis conocimientos de informática son nulos, por lo que pido paciencia». Una declaración que honra a quien ha sabido recrearse y adaptarse a los tiempos.

Ahora que prácticamente ya no contaba con ese dinero (más de 200.000 euros), como admitía en declaraciones a Alfredo López Penide, su vaticinio felizmente no se cumplió. Ahora el Banco Santander tendrá que abonarle el importe de las 18 letras pendientes, así como los intereses legales generados. La Justicia tarda, pero llega.

Jurisprudencia y ejemplos

Vaya tomando nota la banca local de otro caso: el Popular resultó derrotado por otra sentencia emanada en Pontevedra que además, sienta jurisprudencia a favor de los consumidores. El fallo, argumentado como ponente por el magistrado Francisco Javier Menéndez Estébanez, a la sazón presidente de la Audiencia Provincial, anula dos disposiciones de un contrato de un préstamo hipotecario que se consideran abusivas.

Una de ellas es la popularmente conocida como cláusula suelo y la otra se refiere al cálculo de los intereses tomando como base de liquidación el año comercial (360 días). La resolución judicial observa que hay un manifiesto desequilibrio cuando para el devengo de intereses se emplea el mes natural (30/31 días), lo que también va contra el consumidor.

El ejemplo de la Brilat

Los comuneros de Mourente suspiraron, de momento solo medio aliviados, por la decisión del Concello de Pontevedra de no recurrir la sentencia que les reconoció la plena titularidad de los terrenos que ocupa el hospital Montecelo. La reacción municipal resultaba esperable en consonancia con el caso de Salcedo y la propiedad de los terrenos donde se levantó el cuartel de Figueirido. El ejemplo de la Brilat debería cundir.

Alargar este tipo de asuntos con un pleito jurídico repleto de recursos y apelaciones resultaría tan agotador como inútil. Cuanto antes se sienten las partes en una mesa a negociar canon y condiciones, mejor para todos. En este caso, sería recomendable que el Servicio Galego de Saúde tome conocimiento del fallo y se apreste a entablar conversaciones. Lo contrario significaría complicar el desarrollo de cualquier proyecto de ampliación y mejora de Montecelo ahora que la Xunta de Galicia ya cayó de la burra del nuevo hospital, después de perder ocho años con realidades virtuales.

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