«En plástica se traban los padres porque ya están formateados»

Marta Guirado ofrece esta tarde, a las 17.30 horas, un taller sobre «Animais na arte» en el Salón do Libro

Marta Guirado es arquitecta y antropóloga y estudia Pedagogía
Marta Guirado es arquitecta y antropóloga y estudia Pedagogía

Pontevedra / La Voz

Arqueóloga y antropóloga, Marta Guirado (Pontevedra, 1977) tratará de descubrir a los pequeños que se acerquen al Salón do Libro diversas cuestiones a través de un original taller.

-¿En qué consiste el taller?

-Se trata de trabajar en familia alrededor de una obra de la historia del arte, y recrear el entorno para el personaje de un cuadro, que es un animal. Con actividad puramente plástica y trabajando en llano, hacemos el entorno de un animal, el que sea, un paisaje o una cocina. Y también se trata de romper un poco el formato. Mediante técnicas de collage rompemos ese cuadrado y tratamos de que el cuadro crezca en todas las direcciones.

-¿Cómo trata el arte al animal?

-En general, bien. En tiempos muy pasados, la Prehistoria o la Edad Media o Moderna, trataban de asemejar la imagen del animal a un cuerpo muy realista, reproducirlo lo más fielmente posible. Pero, dado que no se viajaba tanto y no existía la fotografía, los pintores inventaban los animales más o menos exóticos que habían visto en otras representaciones, en libros o en códices. Así, en la pintura de un león en la Edad Media, si el autor no ha estado en África nos encontramos con representaciones muy chuscas, porque acercan mucho la imagen de un león a la que pueda ser la de un perro con melena. Ya en el siglo XX, con las vanguardias artísticas, empieza a haber una transformación del animal, buscando rasgos más expresivos, casi una caricatura.

-¿Qué obras se trabajan?

-Ellos no saben exactamente de quién son los cuadros, pero vamos a trabajar un toro de la cueva de Altamira, La leona herida (siglo VII a.C.), Caída de los ángeles rebeldes (que es muy curioso porque hay un montón de animales y hemos escogido un pez globo peculiar), Perro semihundido, de Goya, una lámina japonesa del siglo XVIII de una tortuga, y un pájaro y un pez de Manolo Ruibal, entre otros.

-¿Hubo alguna época en la que se pusieran de moda?

-A finales del XIX hubo un redescubrimiento de animales de fauna exótica de exploradores que iban a Nueva Guinea o a lugares de África, y hubo una explosión, no solo en la historia del arte, sino en animales que se traían como suvenir, y empezaron los circos y esas cosas.

-¿Qué aprenden?

-Lo más bonito es el proceso comunicativo que se desata entre el adulto y el niño porque tienen que dialogar y pensárselo. Y mandan más los hijos que los padres. Casi todos los niños saben dibujar, casi todos los adultos, no. Siempre dicen lo mismo: «A mí me encantaba de pequeño, pero ya no sé». Con actividades graficoplásticas se traba más el padre. Porque ya está formateado. Conforme los niños se van haciendo mayores descubren que lo que están representando no se ajusta a la realidad, y empiezan una serie de frustraciones que se agudizan con el tiempo y les bloquean.

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