Una gran baza turística que está preñada de heridas

En el paraje natural nada es como fue: el parque de madera está destrozado y hay maleza, además de mobiliario roto


pontevedra / la voz

Subir al lago Castiñeiras, una de las grandes bazas turísticas de O Morrazo y de Pontevedra, en un día de sol, en una jornada veraniega de calor, es una delicia. Quizás por eso alguien pueda pensar que en invierno es normal que el lugar no esté a punto, que pueda permanecer a merced del descuido. Pero se equivocan quienes lo creen así. Aún con lluvia y aún con viento el paraje es idílico. Y bien merece pasear por él. Lo sabe bien un argentino afincado desde hace años en Pontevedra, un hombre de charla amable que, en pleno aguacero, intenta fotografiar los patos del lago. «A mí me encanta venir, me da igual que haga frío o llueva, esto es una maravilla», dice. Y no es el único que opina así. Poco después, pese a que el cielo sigue enfurecido, hasta Castiñeiras llegan unos ciclistas y luego un hombre que se enorgullece de las dos horas y media de caminata que hace al día. Todos fruncen el ceño al preguntarles si el entorno está cuidado. Y, tras recorrerlo, se entiende su gesto.

Nada más empezar, uno se encuentra al paso con madera procedente de vallas o demás mobiliario tirada. Es cierto que el invierno fue duro, pero se echa de menos el mantenimiento. No es hasta llegar a la zona del parque infantil donde el descuido se torna en desastre. Los entretenimientos de madera están destrozados y algunos seguramente ya inservibles. En esa misma zona, se encuentra también un poste de cemento partido a la mitad y con los hierros al aire.

La ironía de los carteles

Caminando por ambos lados del lago, uno también va llevándose disgustos con la cartelería. Hay un buen número de señales totalmente inútiles, ya que se borraron y lo único que hacen es entorpecer en la naturaleza. Cierto es que también quedan letreros en buen estado. En algunos, hay cumplida información sobre la flora y la fauna. Pero son una pura ironía. De hecho, casi era mejor que no estuviesen. Porque hacen que uno se olvide del verde que pisa y se ponga rojo de rabia. Los letreros hablan de flora autóctona, de especies propias... Lo que encuentra el caminante es maleza y plantas invasoras. Y eso que se invirtió de lo lindo en un parque biológico.

No se puede obviar lo que ocurre con las mesas, bancos y barbacoas de piedra. Hay tantas que uno imagina que si el personal de la Brilat, que está a tiro de piedra, desfilase hasta Castiñeiras no tendría problema en conseguir asiento para buena parte de la brigada. ¿De verdad es necesaria tanta piedra gris? Cabe recordar que en verano se precintan los asadores que, por cierto, en la mayoría de los casos están rotos. Y también hay algún que otro banco destrozado.

Para completar el rosario, están también los pequeños descuidos. Por ejemplo, hay cintas plásticas blancas, que posiblemente quedaron de alguna cita festiva o deportiva, atadas a distintos postes, árboles y demás. O están tiradas las cajas de cervezas de un bar. Un despropósito.

Letreros rotos, oxidados o ilegibles. Algo debería hacerse con la cartelería; hay letreros totalmente inútiles, como el de la foto. Otros hablan de flora que luego no se encuentra. fotos hermida

«Aquí es maravilloso venir siempre». Este argentino residente en Pontevedra disfruta a menudo del paraje de Castiñeiras. Dice que es una oportunidad única de rodearse de naturaleza.

Un poste partido y rastrojos acumulados. Al fondo, un poste de cemento partido a la mitad. Y, en primer plano, restos de ramas acumulados. Estos últimos los hay por todo el entorno.

Añoranza de los ciervos y patos que vienen a saludar. Hace años ya que dejaron Castiñeiras los ciervos y gamos que había en un cercado. Ahora, los únicos que saludan son los patos.

Barbacoas rotas que se precintan en verano. Si algo abunda en Castiñeiras son los bancos, mesas y barbacoas de piedra. Estas últimas se precintan en verano y además muchas están rotas.

Plásticos en medio del verde. No son una ni dos, sino bastantes más, las cintas de plástico, restos de alguna prueba o cita festiva, que hay en árboles y mobiliario. Ensucian el paisaje verde.

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