Rueda necesita marcar distancias

Viene obligado a cambiar la dinámica perdedora en que se halla el PP con la pérdida de la Diputación y el retroceso de votos que reflejaron las elecciones del 20-D


Alfonso Rueda, el nuevo jefe del PP en la provincia, empieza su andadura con una manifiesta intención de marcar distancias con el pasado reciente. De las declaraciones a La Voz de Galicia de hace una semana se deduce la necesidad del borrón y cuenta nueva. Y de paso, trasluce el propósito de espolear a los suyos para poner coto a la creciente pérdida de votos que marcó los últimos años de Rafael Louzán al frente de ese partido. A los populares les urge cerrar vías de agua ante las expectativas electorales que se dibujan, ya en clave de repetición de generales, ya por el posible anticipo de las autonómicas.

La llegada de Rueda a la dirección del PP provincial se encardina con la renovación de las estructuras de ese partido allí donde Feijoo ha podido (Ourense es claramente territorio aparte). El patrón de los nuevos dirigentes huye del modelo antagónico de ?boinas o birretes? que parece superado. Perfiles de técnicos y profesionales, la mayoría funcionarios públicos de carrera, como ocurre con Rueda. Aunque resulten informativamente más planos, menos grandilocuentes que un Pepe Cuíña.

Por eso, aunque por definición y trayectoria no es Rueda hombre de titulares, sus respuestas en la entrevista con Manuel Blanco apuntan algunas pistas. Se olfatea un propósito urgente de remover estructuras. Especialmente en las tres principales urbes de la provincia. Para subsanar errores cometidos de cuya autoría, también él tuvo una parte alícuota.

Las alcaldías de Pontevedra y Vigo se le vienen escapando sistemáticamente al PP gallego desde que Feijoo tomó las riendas en lugar de Fraga. En las recientes de mayo, Abel Caballero ha ganado con mayoría absoluta insultante en la ciudad olívica, donde el PP se columpió en su estrategia de oposición. Firmando el pacto del 2014 que franqueó la aprobación de los presupuestos municipales y poniendo a la exconselleira Elena Muñoz como rival electoral; una desconocida entre los vigueses, que se esnafró en la confrontación contra Caballero. Una suma de errores compartidos entre Figueroa, Louzán, Feijoo y hasta el propio el secretario general regional del partido, es decir Alfonso Rueda.

En la ciudad de Pontevedra, ocurrió algo similar. En la legislatura pasada, cuando Telmo Martín se desentendió de la jefatura de la oposición y dejó el paquete a Jacobo Moreira, se desencadenaron las tensiones en el grupo municipal del Partido Popular que acabaron con el desenlace conocido de renuncias y secesiones.

Las direcciones provincial y regional del PP tuvieron la oportunidad de remover a Moreira y apostar por una alternativa pero ni Louzán y mucho menos Rueda quisieron saber de semejante posibilidad. Incluso, Jacobo Moreira gozó de un expreso apoyo de Alfonso Rueda cuando se trató de sofocar la revuelta que protagonizaron Guillán, Biempica y demás concejales descontentos.

El retroceso electoral sufrido por el Partido Popular en las elecciones municipales en la capital provincial también tuvo, por tanto, una cuota de error compartido del que no fue ajeno, entre otros, Rueda. Por eso, la primera tarea del nuevo presidente del PP pontevedrés será cambiar esa actitud de resignación en la que están sumidos los suyos ante los cinco mandatos consecutivos que ha sumado el BNG en la ciudad. ¡Hasta Mariano Rajoy ha admitido en declaraciones recientes qué votantes suyos en generales, optan por apoyar a Miguel Fernández Lores en los comicios municipales!

Alfonso Rueda viene obligado a cambiar esa dinámica perdedora en que se ha instalado últimamente el PP en esta provincia. Los síntomas son alarmantes. La pérdida histórica de la Diputación, que por primera vez se le escapa al centro derecha desde la restauración de la democracia, fue un aldabonazo. Marcó que la etapa de Rafa Louzán estaba acabada. Pontevedra ya no es ese granero de voto seguro como, de entrada, se comprobó el pasado 20 de diciembre. A Rueda le toca tomar decisiones.

Ponte Caldelas y las fusiones

El regidor socialista de Ponte Caldelas, Andrés Díaz acaba de dejar entrever que estaría dispuesto a sopesar una fusión municipal, concretamente con Cotobade, «siempre y cuando se dieran una serie de condiciones», según indicó el citado alcalde a vecinos cotobadeses y de Cerdedo contrarios a la unión de concellos que impulsan Jorge Cubela y José Luis Balseiros.

Curioso auditorio el elegido por el alcalde pontecaldelano quien no ocultó sus preferencias por Cotobade indicando que «sería un asunto que podríamos estudiar perfectamente». Qué sea ahora un regidor del PSOE quien contemple ese escenario es más noticiable, pues hasta el momento parecía que solo alcaldes del PP eran los interesados en fomentar la fórmula de la fusión para dinamizar los concellos y evitar la muerte anunciada de muchos pequeños municipios por causa de la despoblación.

Algo que no es para nada cierto como se comprobó en uno de los puntos del acuerdo de gobierno firmado entre PSOE y Ciudadanos para la fallida investidura de Pedro Sánchez, pues prevenía la necesidad de adelgazar el número actual de ayuntamientos en España.

Convendría que este tema se aislara de la fricción política cotidiana y que se tratara como un «asunto de autonomía» pues la gravedad de la crisis demográfica que padecemos en Galicia no soporta por más tiempo la dispersión territorial que suponen 313 ayuntamientos.

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