El PP y la mandíbula de cristal

La reacción del partido y del propio Rajoy ante el nombramiento de este como persona non grata en Pontevedra otorgó mayor repercusión a un acuerdo solo simbólico


Menudo lío monumental que se ha montado con la declaración como persona non grata del actual presidente del Gobierno. Era obvio que por el personaje y el momento, se trataba de una noticia de trascendencia. Pero la repercusión del asunto excede las expectativas más exageradas que pudiéramos imaginar hace una semana. A mi juicio, la clave de este formidable alboroto radica en cómo se ha tomado el tema el Partido Popular y el propio Mariano Rajoy, así como algunos de sus más cercanos colaboradores.

Si partimos de recordar que la reprobación pública del presidente es meramente simbólica porque carece de efecto jurídico alguno, hay valoraciones que se han desbordado. Como la del mismísimo ministro del Interior, quien comparó la declaración de persona non grata con una incitación al odio y por tanto con una predisposición a la agresión. Jorge Fernández utiliza el reciente antecedente del puñetazo que recibió el señor Rajoy en Pontevedra en plena campaña electoral (eso sí que fue gravísimo), pero lo descontextualiza de modo sesgado.

Sin llegar a semejantes disparates, las reacciones entre los acólitos de Rajoy han sido, a mi modo de ver, muy poco inteligentes. Le han dado una importancia inusitada a la declaración, pues debían saber de antemano que irremisiblemente se iba a aprobar por la mayoría que sumaban los proponentes (PSOE y Marea) con el apoyo del BNG.

Convertir los alrededores del teatro Principal en un lugar de confrontación, con la presencia de destacados cuadros -amigos personales de Rajoy- como la ex presidenta del Parlamento gallego o el marido de la ministra de Fomento, solo supuso darle mayor pábulo al asunto. Que el presidente de la Xunta intentase horas antes persuadir al alcalde de Pontevedra para que desistiese de llevar a pleno la propuesta, revela una inquietud impropia. Y si a eso sumamos la movilización de trabajadores de Ence o el mismo comunicado de la empresa que apela a que no se haga política a su costa, pues más de lo mismo.

Y para remate, la reacción del propio Rajoy. Ha mostrado mandíbula de cristal. Me sorprendió que acusase recibo y dijese que le «dolía» el acuerdo, pues no me habría extrañado que, en el fondo, le hubiera importado un bledo como él mismo admitía que podía pensarse. Pero me descolocó que coronase su reflexión argumentando que en Pontevedra «ni Stalin ni Hitler han sido declarados non gratos». ¡Menuda comparación! Siguiendo su línea argumental, habría sido más atinado que citase que «ni a Franco», que fue por cierto quien decidió meter la pastera en Lourizán. Demuestra Rajoy que sigue groggy, que no se ha enterado aún de lo que motivó la censura acordada por el ayuntamiento de su ciudad. «Somos sentimientos y tenemos seres humanos», como diría el interfecto.

La despoblación

El otro gran asunto de la semana ha sido la anunciada fusión de los concellos de Cerdedo y Cotobade. Un anuncio que retoma, tres años después de Oza-Cesuras, el camino de adelgazar la nómina de municipios gallegos.

Con una crisis demográfica de caballo y un envejecimiento galopante de la población, el presente de muchos ayuntamientos es la desertización. Se pueden dejar morir o reaccionar ante semejante sino, buscando alternativas. La fusión de concellos constituye un atajo para evitar la muerte anunciada de tantos municipios. Un pasadizo administrativo que está incentivado por las administraciones estatal y autonómica.

Las mancomunidades o las áreas metropolitanas son otras posibilidades que ya veremos si se aceleran en caso de que surja un próximo Gobierno de la nación que vaya en serio con la supresión de las diputaciones. De momento, la decisión de unir concellos es la fórmula más al alcance de los pequeños. Es decir, la mayoría de los ayuntamientos gallegos, pues el 60 % de los existentes tienen menos de 5.000 habitantes.

La fusión de municipios se basa en el principio de la economía de escala. Cotobade y Cerdedo, al confluir sus fuerzas, se convierten en uno de los 20 concellos más importantes de Galicia, con más de 6.000 habitantes, casi 5,5 millones de euros de presupuesto municipal y una superficie de más de 150 kilómetros cuadrados. Un tamaño que permitirá a la entidad local resultante acceder a mayores partidas presupuestarias tanto del Estado como de la Xunta de Galicia.

Decisión valiente

La decisión de los alcaldes Jorge Cubela y José Luis Balseiros, así como de sus respectivos equipos, es valiente y plausible. Desde el minuto uno están intentando trasladar un mensaje de tranquilidad y esperanza entre sus vecindarios. Aguardo que sean capaces de consumar el proceso sin grandes costes, aunque tendrán que sortear reservas y hasta el riesgo de secesiones. Especialmente el joven regidor cotobadés, que será seguramente quien pilote después el concello resultante. Cubela tiene que lidiar ahora con las dudas en dos de sus parroquias, Xustans y Caroi, que podrían coquetear con Campo Lameiro y A Lama, respectivamente.

Este tipo de fusiones tropezarán siempre con recelos territoriales complicados de vencer. Que se lo pregunten a los regidores de Campo Lameiro y Forcarey, que se descolgaron del primer proyecto de fusión que se manejaba. Uno de ellos llegó a plantear a la Xunta que solo entraría si se autorizaba a realizar un referendo entre sus convecinos.

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