Cuando Moby Dick se paseó por Marín

Un registro antiguo revela un naufragio en la ría por el ataque de una ballena como el buque del mítico capitán Ahab


marín / la voz

Un gran cetáceo, una ballena asesina, abalanzándose sobre un solitario barco de pesca y enfrentándose a sus tripulantes. Victoria del animal, que hunde el barco y mata a los marineros. La historia parece un resumen de Moby Dick, la inmortal obra de Herman Melville, publicada en 1851, y que saltó a la gran pantalla en 1956 de la mano de John Huston como director y con Gregory Peck como el malo malísimo en el papel del capitán Ahab del Pequod. Sin embargo, la historia que abre este relato no es la de Melville, aunque sí exista un llamativo parecido en líneas generales. Es un acontecimiento que ocurrió aquí, en las aguas de la ría de Pontevedra.

Una extensa anotación en el libro de defunciones de la parroquia de San Xulián de Marín, realizada por el sacerdote Francisco Fragueiro, preserva la historia de esta embestida de una ballena que precede en algo más de un siglo al ataque por el cachalote que acabó con el Essex, el barco en que se inspiró Melville y que se hundió en 1820.

La tragedia marítima marinense debió marcar una época en las comunidades pesqueras pontevedresas, o al menos entre los marinenses. De otra forma, no se entiende que Fragueiro, que solía ser muy parco en sus anotaciones, se explayase en explicar por qué dos de sus vecinos habían fallecido sin recibir los sacramentos. El paso del tiempo fue borrando la historia de la memoria colectiva de los marinenses hasta que se olvidó por completo. Hasta ahora.

La descripción de los hechos se guarda en un viejo libro de registros parroquiales, que pasó de las estanterías de la casa sacerdotal marinense al archivo diocesano, en el monasterio de San Martín Pinario, en Santiago. Allí, entre las numerosas y monótonas anotaciones de muertes en la parroquia, se encuentra la partida que desvela la catástrofe.

Pesca de la sardina

La narración incide en que el naufragio ocurrió el 7 de diciembre del año 1691. Dos vecinos de Marín, Manuel Blanco y Antonio Travazo -hoy este apellido se escribe Trabazo- se hicieron a la mar en su barco de pesca, como habían hecho durante años, siguiendo su profesión de marineros. En aquella época el mar era la principal fuente de sustento de los vecinos y el pescado la mercancía más valiosa para garantizar unos ingresos mínimos en casa.

Blanco y Trabazo se subieron a su embarcación, que distaba mucho de ser el imponente barco ballenero de la novela de Melville, y se adentraron en la ría. El relato del sacerdote marinense deja entrever que eran los dos únicos tripulantes del desafortunado barco. Su intención era pescar sardinas, uno de los productos más abundantes en aquellos momentos en las aguas pontevedresas.

Cuando estaban en la faena y, aparentemente sin otros barcos cerca, ocurrió algo inesperado, una ballena -no se especifica la especie, aunque es dudoso que el sacerdote llevase sus conocimientos de biología hasta este extremo- apareció ante ellos. El animal resultó ser hostil, aunque es de pensar que, en principio, no hubiese provocación previa por parte de los dos marineros. Y es que un barco pequeño no tenía medios de hacer frente a un gran cetáceo y mucho menos para matarlo. El encuentro en el mar tuvo funestas consecuencias. «Vino una ballena y saltó encima del barco y los llevó al fondo, y allí quedaron muertos», puntualiza el párroco Fragueiro en su descripción.

Dos días desaparecidos

El antiguo documento añade que no se supo nada de ellos durante dos días. Es probable que los demás pesqueros peinasen la ría en búsqueda de sus compañeros de profesión y que las viudas, Lucía Blanca y Clara Rodríguez, participasen en las pesquisas desde la costa. Es una práctica común que todavía se sigue realizando hoy en día cuando la desgracia golpea a la flota local.

De alguna forma, se pudieron localizar los restos del barco siniestrado y consiguieron sacarlo del fondo. A los dos tripulantes muertos, «los hallaron en el mismo barco». Al menos a las dos mujeres les quedó en consuelo de poder darles sepultura.

Aquel naufragio de 1691 es el único episodio protagonizado por una ballena atacando a un barco, al menos en los viejos registros de Marín, que recogen las actas de cuatrocientos años,

Hoy puede parecer imposible que una ballena entre en la ría, pero no se olviden de que en el 2003, una yubarta se paseó tres semanas entre el puerto de Marín y Portocelo. Aquel también fue un caso único en Europa.

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