Descubren un petroglifo en Bora reciclado en un cierre en el monte

El grabado, un puñal y dos cruces, tiene cuatro mil años y puede haber más en el muro


pontevedra / la voz

A la vista de todo el mundo durante décadas y a la vez oculto por lo raro de su ubicación -un cierre en el monte-, el primer petroglifo con representación de armas localizado en el municipio de Pontevedra esperó en vano a que alguien lo descubriese. Hasta esta semana. El investigador Antonio Costa, antiguo integrante del Instituto Pai Sarmiento de Estudos Galegos, se lo encontró por casualidad. Y no dio crédito a su hallazgo. Volvió varias veces al mismo lugar para comprobar con distintas exposiciones de luz, si sus ojos no le engañaban.

Allí, sobre una piedra que formaba parte de un muro de cierre en Portamuíños (Bora), se encuentra un petroglifo reciclado, un grabado prehistórico de cuatro mil años de antigüedad reutilizado como cualquier otra piedra. Con una única diferencia. Y es que los petroglifos son bienes de interés cultural, tan protegidos por la legislación gallega como una catedral.

Costa conocía la existencia del petroglifo desde hacía cinco años, pero él mismo confiesa que en aquella ocasión solo se fijó en las dos cruces que se ven más prominentes en la piedra. El puñal, que se encuentra en el extremo inferior de una de estas cruces, lo desveló una visita que hizo recientemente a este entorno del rural pontevedrés. Era de día y se dio cuenta de que sobre la roca se dibujaba «a pequena folla dun coitelo». Por si era una falsa impresión o una ilusión óptica volvió al anochecer y una vez más el puñal sobresalió ante sus ojos. «Volvín a velo con luz indirecta e se apreciou claramente que estaba alí, podía chamar a engano de día, pero de noite non», describe.

El petroglifo está roto. La piedra donde se esculpió no está en su sitio y el muro donde se encuentra incrustado es grande. ¿Puede haber más piezas prehistóricas en el cierre? Es probable. «O achádego requiriría a análise de máis pedras», incide.

El reciclado de piedras antiguas ha traído más de una sorpresa a los arqueólogos en Pontevedra. La lapa o menhir de Gargantáns -símbolo de Moraña- se preservó como poste de viña, y en Sabarigo (Bueu) otro muro conservó un altar romano.

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