La medicina a ojos de un veterano y de un MIR

José Vicente Esteban y Rubén Domínguez analizan la formación académica y la situación de la sanidad

José Vicente Esteban y Rubén Domínguez, ayer, en la sede del Colegio Oficial de Médicos de Pontevedra.
José Vicente Esteban y Rubén Domínguez, ayer, en la sede del Colegio Oficial de Médicos de Pontevedra.

pontevedra / la voz

Los separan 43 años y les une la misma vocación. La medicina. También comparten colegio profesional. El de médicos de Pontevedra. Uno se colegió en 1975 y el otro en el 2013. No son el facultativo más veterano y ni el más joven de la entidad que preside Luis Campos, pero sí representan dos tiempos vitales distintos. José Vicente Esteban Prades y Rubén Domínguez Fernández se conocen en un encuentro con La Voz que se inicia en la biblioteca y se traslada después a la sala de juntas del colegio.

José Vicente Esteban es traumatólogo y sigue en activo en la sanidad privada tras jubilarse en la pública. «En Pontevedra me colegié en 1975, si mal no recuerdo siendo presidente Miguel Domínguez, pero antes, en 1968 lo había hecho en Castellón», relata. Por un traslado acabó en la ciudad. Rubén Domínguez está en el tercer año de residencia en la especialidad de Medicina familiar y comunitaria. Trabaja en el hospital Montecelo y se suma a la conversación recién salido de una guardia.

¿Se puede ser médico sin una vocación clara? Ambos creen que no. «No sé como son otras profesiones, pero esta es fundamentalmente vocacional. A mí todavía me sigue gustando», afirma José Vicente, que tiente 71 años y no piensa en la retirada. «Se puede ir a ritmo de bugui bugui o de pasodoble lento, como ahora», dice entre risas este médico que estudió en Zaragoza. Sostiene que mientras la cabeza funcione, se sienta útil y no cometa imprudencias, los «veteranos» tienen mucho que aportar.

A Rubén Domínguez, que ocupa una de las vocalías del Colegio, siempre le gustó la medicina. Quizá influyó que su padre sea cirujano, aunque admite que antes de elegir esta carrera había barajado «otras posibilidades». «Dedicarse a esto sin vocación es difícil porque hay días malos. Me gusta la gente y sentirme útil», señala este médico que estudió en Barcelona. «Allí nos daban mucha caña con las prácticas y me imaginaba lo que me encontré al hacer la residencia».

Respecto a la formación recibida, José Vicente apunta que los planes de estudio han cambiado mucho por el avance de la propia medicina: «La base es la misma, pero antes no había los medios diagnósticos que hay hoy, unas técnicas modernas no invasivas». Lo que sí es muy distinto es la formación de posgrado. «En mis tiempos no había MIR y al acabar hacíamos prácticas como becarios en hospitales que dependían de las diputaciones según las vacantes que había en cada servicio», comenta el traumatólogo. ¿Y teníais sueldo?, le pregunta Rubén. «Sí, 4.500 pesetas al mes en 1974. Antes todas las especialidades eran de dos años».

Jubilación forzosa

Hoy la formación de posgrado es más amplia, cuatro o cinco años según la especialidad. «También tenemos más responsabilidad», señala Rubén, que al igual que José Vicente defiende el sistema MIR porque «salimos mejor formados, algo que es bueno para el servicio y para el paciente».

¿Comparten la jubilación forzosa de los médicos de la sanidad pública a los 65 años? «El médico viejo no puede ser un tapón para el joven, pero hoy en día una persona a los 65 años puede estar en perfectas condiciones, igual no para estar en primera fila, pero sí para aportar su experiencia», expone José Vicente. Rubén considera que se debería aprovechar más el «feedback» entre los veteranos y los nuevos y viceversa. «La figura del médico emérito como consejero no está extendida en Galicia no sé si por un problema cultural, pero la experiencia es un grado. Igual no están para hacer guardias de puerta ni cirugías de ocho horas. Al final todo es una cuestión de presupuesto», remacha el residente.

José Vicente sostiene que los médicos jóvenes tienen una desventaja con respecto a su época. «Hoy los contratos son muy precarios y hablamos de una carrera muy larga. Cuando acceden al mercado laboral y se encuentran con esos contratos es difícil lograr una estabilidad y formar una familia», argumenta. Rubén asiente. Recuerda que durante la carrera les ofrecían trabajo fuera de España -especialmente en Alemania- y dice que hoy los facultativos tienen tres opciones. «Emigrar en busca de un trabajo mejor remunerado y de estabilidad. Aquí la mejor opción hoy es el contrato mes a mes, porque los hay por días e incluso por horas. Las otras son aceptar esto o repetir el MIR haciendo otra especialidad», explica a sus 28 años.

Los dos profesionales coinciden en que los recortes y la falta de personal están afectando a la calidad asistencial porque, entre otras cosas, no se puede hacer un correcto seguimiento del enfermo. «Hay técnicas muy buenas, pero menos calor humano», asegura José Vicente. «Pero se intenta mantener», matiza Rubén. Resaltan que la sanidad pública la está manteniendo el personal y demandan «educación sanitaria» en la primera enseñanza.

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