Una metamorfosis en tres lustros

La petición para que se amplíe la peatonalización a varias calles de la capital supone la superación de las confrontaciones de hace 16 años y la consolidación de una idea


Para quienes hemos tenido la suerte de vivir la evolución de la ciudad de Pontevedra durante las últimas décadas, leer esta semana la noticia de la petición de comerciantes y vecinos de las calles Castelao y Cruz Gallastegui que demandan la peatonalización de sus respectivos viales, aún supone cierto grado de sorpresa. ¡Hay que ver cómo ha cambiado la situación con respecto a 16 años atrás!

El eje viario conformado por las calles Daniel de la Sota, Castelao, Cruz Gallastegui, Sagasta y Peregrina fue hace tres lustros uno de los principales focos de protestas contra la incipiente reforma urbana que comenzaba a aplicar el gabinete del alcalde Miguel Fernández Lores, conforme el plan ideado por César Mosquera. La ampliación de aceras, la instalación de almenas, la reducción de plazas de aparcamiento y la implantación de carril único con nuevas direcciones de tráfico generó un malestar que se tradujo en varias manifestaciones de vecinos, comerciantes y empresarios, con el apoyo más o menos explícito del PP y del PSOE. Los socialistas de aquella no colaboraban con el gobierno, aunque habían posibilitado la primera investidura del regidor nacionalista.

A pesar de la presión, el gabinete de Fernández Lores no cedió y mantuvo la aplicación del incipiente proyecto, llamado «modelo de cidade», que a la larga tan pingües resultados políticos le ha reportado. Tan solo una de aquellas reclamaciones de quienes protestaban fue atendida meses después, una vez se rebajó la tensión. Fue la de eliminar la prohibición del giro a la izquierda en la confluencia de las calles Peregrina con Sagasta, una petición muy razonable para la circulación de vehículos en esa manzana, a fin de dar servicio a edificios, garajes, establecimientos y al Hospital Domínguez, entre otros, como se ha comprobado desde que se atendió.

Vista aquella confrontación con la distancia que dan los años transcurridos y a la luz de las últimas noticias, se puede concluir que el «modelo de cidade» terminó calando hasta en los sectores inicialmente más reticentes y contestatarios. Los resultados en calidad de vida, en accesibilidad, seguridad, reducción de la contaminación, en mejora de la oferta comercial y en captación de visitantes, son tan evidentes como convincentes.

Si Pontevedra lleva siendo referencia nacional e internacional durante años; si nuestra ciudad es reconocida en Hong-Kong, Nueva York y Dubái o invitada a la reciente cumbre del cambio climático de París, no parecería normal que persistiesen focos de resistencia entre nosotros. Quienes protestaron tanto entonces contra la peatonalización progresiva, alegando que el centro de la ciudad se moriría por las dificultades que se le ponían al tráfico rodado y que se ahogaría la actividad comercial, han visto cómo Benito Corbal y las calles adyacentes han experimentado en estos tres lustros una metamorfosis exitosa. Tanto como para que otros comerciantes y vecinos de la zona aspiren a tener el mismo tratamiento viario que ahora demandan.

Edificios en el olvido

En la ciudad de Pontevedra se ha producido en los últimos años un progresivo abandono de edificios oficiales que, lejos de ser reaprovechados, constituyen un monumento diario a la irresponsabilidad de los gestores públicos, que permiten el deterioro de inmuebles que han costado millones de euros de nuestros impuestos.

Esta semana, La Voz de Galicia resaltó uno de los casos más sangrantes: la antigua sede de la Xunta de Galicia en Benito Corbal 47, que se pudre desde que en el 2008 se trasladaron las delegaciones a las dependencias administrativas diseñadas por Gallego Jorreto en Campolongo.

El anterior edificio, de siete plantas y más de 6.000 metros cuadrados de superficie ubicado en plena milla de oro, languidece sin ocupación alguna ni atisbos de tenerla. A raíz de la noticia difundida por este periódico, el alcalde Fernández Lores reiteró que había solicitado al presidente de la Xunta en la última entrevista institucional que mantuvieron, la cesión del inmueble para su posible aprovechamiento para usos universitarios.

Inacción

No se ha movido ficha. Como tampoco en los ocho años anteriores, lo que induce al mayor de los pesimismos. Cuando se quiera afrontar la reutilización del edificio será demasiado tarde y costará un auténtico dispendio su restauración.

Hay otros ejemplos también sangrantes en Pontevedra. Desde la anterior Comandancia de la Guardia Civil en Loureiro Crespo, que se cae a cachos mientras se ha convertido en refugio de okupas y sin techo (¡qué humorada!), hasta la antigua Delegación de Hacienda contigua a La Herrería, que ya acusa los efectos del desuso. Otros edificios vinculados al Ministerio de Defensa, como los antiguos pabellones y residencias situadas en la avenida de Marín, mayoritariamente deshabitados, se arruinan mientras aguardan por una solución conveniada que se dilata en el tiempo.

Y el colmo de los colmos -ya comentado en anterior ocasión desde esta página- es la reubicación de las oficinas del DNI y Pasaportes en las dependencias reacondicionadas de Michelena 30. El traslado desde la Comisaría de Pontevedra a esa otra sede administrativa sigue atascado por una simple diferencia económica en el precio del alquiler que mantienen dos ministerios del Gobierno central en un ejemplo superlativo del absurdo burocrático.

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