Josuha, el rey pontevedrés de la baraja

Este estudiante de Bellas Artes se define por jugar al «Magic» con una estrategia agresiva y rápida

Josuha Acuña muestra algunas de las cartas de las que dispone para disputar las partidas de «Magic. The Gathering».
Josuha Acuña muestra algunas de las cartas de las que dispone para disputar las partidas de «Magic. The Gathering».

Pontevedra / La Voz

Ni se llama Evaristo, ni vive entre rejas, ni mucho menos es chapista. Sin embargo, Josuha Acuña Martínez (Bueu) comparte con el antihéroe de Extremoduro en que, hoy por hoy, es el rey de la baraja en Pontevedra en lo que a Magic. The Gathering se refiere. Un título simbólico que pondrá en juego este sábado en un nuevo torneo que se desarrollará en la tienda Midgar de Pontevedra.

Pero, ¿qué es Magic? Se trata de un juego de cartas coleccionables que desde 1993 lleva enganchado a decenas de millones de personas en todo el planeta. Así que olvídense de sotas, reyes o ases, o picas, tréboles y diamantes. En El Encuentro, traducción al castellano de The Gathering, se ponen en juego dragones, trolls, enanos o hechizos. La premisa es sencilla. Cada jugador dispone de un mazo propio de cartas y, en función de sus características, las va poniendo sobre la mesa para tratar de acabar, en el menor tiempo posible, con las veinte vidas de que dispone su rival.

¿Le parece complicado? Pues no termina aquí la cosa. En el juego existen cinco colores, que se corresponden con otros tantos tipos de magia. Así, uno puede optar por una estrategia monocolor o por la mezcla de dos o más tonos. «Cada color tiene sus propias características. El negro viene siendo el de la muerte y la podredumbre. Son zombis, vampiros... El azul es el control, estás continuamente controlando la partida y predominan criaturas marinas. El blanco, el cielo y la vida, donde sobresalen ángeles o espíritus, y luego está el rojo, que son las chispas puras, donde prevalecen los trasgos y elementales. Se centra en quitar vida al oponente, pero no con criaturas, sino con hechizos. Y luego está el verde, el de las criaturas por excelencia», precisa Josuha.

Precisamente es el tono que usa este estudiante de Bellas Artes de 22 años: «Tengo una estrategia totalmente agresiva y rápida. Lo que hago es bajar elfos continuamente. En el tercer turno quizás ya tengo diez sobre la mesa, y si tengo oportunidad de hacer un combo, lo hago. Y si no, ataco con todo».

¿Le suena a ruso? A los amigos de Josuha también. No en vano, «me miran raro porque no lo conocen. Suelen verlo como algo elitista, porque, todo hay que decirlo, algunas cartas son carísimas. A lo mejor tienes en tu mazo una carta que cuesta ciento y pico euros, y ya creen que vas sobrado de pasta. Los jugadores, en vez de comprarnos un coche caro, nos lo gastamos en Magic».

Y el paso del tiempo le ha dado la razón. Hace algunos meses, una Black Lotus o Loto Negro, un pedacito de cartón de apenas 6,3 centímetros de ancho por 8,8 de alto, las mismas medidas que una baraja estándar de póker, alcanzó un valor de 27.302 dólares. Si bien se trataba de una primera edición, lo cierto es que se pueden encontrar reediciones posteriores con precios que, en ocasiones, superan los seis mil euros.

Precisamente el valor de algunos ejemplares ha cambiado una de las rutinas con las que nació Magic. En sus primeros tiempos, era habitual que el ganador de una partida pudiese robar al azar una carta del mazo del perdedor. «Ahora no porque hay algunas muy caras. Magic pasó a ser, no un artículo de lujo, pero sí algo muy especializado. En las pachangas no te juegas nada y en los torneos te dan una carta exclusiva, sobres o, incluso, premios en metálico», matiza Josuha.

En su caso, le enganchó, precisamente, la combinación de ingenio, estrategia y coleccionismo. No hay que olvidar que periódicamente «se van incorporando piezas nuevas que te ayudan a ir modificando tus mazos continuamente. Puedes comprar un mazo prediseñado o crearlo con tu propia estrategia, que es lo que hacemos habitualmente la mayoría de jugadores».

Se trata de «algo con lo que logras desconectar de tu rutina diaria. Aunque no lo parezca es bastante sociable y es un juego infinito porque te da libertad para pintar tus propias cartas dentro de unas reglas». A diferencia de otros, en El Encuentro «tienes una amplia libertad de creatividad para poder manipular la partida. La mayoría de juegos de cartas no llegan a este punto».

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