Violencia aplastante y violencia emergente

Pontevedra vuelve a sorprender con la campaña del 25-N contra el maltrato. Mientras la fiscal de menores también nos sobresaltó con los datos de adolescentes agresores

Una mujer lee una de las denuncias reales que se han llevado a vallas publicitarias de la ciudad.
Una mujer lee una de las denuncias reales que se han llevado a vallas publicitarias de la ciudad.

En esta semana se ha visibilizado de modo especial el llamamiento a eliminar la violencia contra la mujer con motivo del 25-N, aunque debería tratarse de una reivindicación permanente en una sociedad madura, democrática e igualitaria, todos y cada uno de los 365 días de cada año.

El Concello de Pontevedra, muy en su línea de golpear conciencias a base de reclamos tan chocantes como contundentes, marcó de nuevo tendencia. Este año con una implicación muy activa de la Diputación que contribuyó a extender por la provincia la campaña contra la violencia machista aplicando esa misma estrategia de comunicación mediante actos desarrollados en una decena de municipios. Irradiar la reivindicación hasta llevarla a localizaciones como también hizo la Subdelegación del Gobierno en el caso de Moraña -escenario del brutal crimen de las niñas a las que su padre mató con una radial- es una forma más apropiada de otorgar la auténtica dimensión a un problema que es tan del medio urbano como del rural.

Como les decía, el ayuntamiento de la capital volvió a sorprender con la puesta en escena elegida. De los carteles con frases como «Puta», «Burra» o «Cerda» que en el 2014 convulsionaban a quien los leía en el mobiliario urbano, hemos pasado a las bragas colgadas en Soportales de las que pendían etiquetas con historias de víctimas o las diferentes perfomances que se representaron. La más cruda, la desplegada en la plaza de A Peregrina con aquella mujer que vestida de negro y arrastrando sartenes y cazuelas con piedras y ladrillos, terminaba postrada para que cuantos pasasen a su lado, volcasen cucharones de tierra hasta que quedase sepultada.

Creciente violencia intrafamiliar

Mantengo lo escrito hace un año en esta misma página: no importa el medio ni la forma si el fin último que se propone, que es erradicar esta forma de terrorismo social, se puede alcanzar un poco antes. Cualquier medio será válido para frenar esta sangría. Para evitar que haya otras Conchi de Pontesampaio o cualquiera de las restantes mujeres asesinadas en lo que va de año por parejas o exparejas.

Cuatro de cada diez hombres que maltrataron a una mujer han sido antes víctimas de violencia familiar por parte de sus progenitores -habitualmente el padre-, según establecen diversos estudios realizados en España como, por ejemplo, el acreditado por el Instituto de Estudios Centro Reina Sofía. Sin embargo no he hallado informes que determinen cuántos menores que fueron violentos con sus padres -los que experimentan el llamado síndrome del niño emperador- terminaron siendo también adultos que maltrataban a sus parejas.

Me temo que los trabajos de campo en ese aspecto están aún en barbecho. Entre otras razones porque el citado síndrome, también llamado del niño tirano, es todavía de reciente identificación (a partir de 1979 en China y más tarde en Europa). Por lo que aún habrá que aguardar alguna generación más para que se alcancen conclusiones fehacientes. Aun así psicólogos infantiles de referencia como Vicente Garrido aventuran ya que el niño tirano procede habitualmente de un extracto social medio/alto en el que no han sufrido abusos de sus padres, sino que son los críos los que se propasan con sus progenitores.

Valga la referencia para contarles que en días pasados tuve oportunidad de asistir a una cena coloquio con Encarnación Bullón, coordinadora de la Fiscalía de Menores de Pontevedra, a la que también acudieron policías, guardias civiles, profesores, psicólogos y personal de los servicios sociales del Concello, entre otros, encuentro organizado por el Rotary Club local.

La fiscal dibujó un panorama cada vez más «preocupante» en lo que concierne a la violencia de hijos hacia sus padres. Un fenómeno emergente y en incremento que contabilizó en el 2014, casi doscientos casos graves que fueron denunciados en Galicia (de los que 88 ocurrieron en la provincia de Pontevedra). Subrayo la palabra denunciados pues se trata de situaciones tan vergonzantes que muchos padres prefieren silenciar antes que admitir ante su señoría o en una comisaría que un hijo les insulta y pega. Hablamos de menores, con edades comprendidas entre 15 y 18 años, normalmente de familias monoparentales; que han sido criados por la madre que tristemente se convierte en la víctima principal de los agravios y golpes de ese hijo violento.

Adolescentes tiranos

Diversos especialistas que citó Encarnación Bullón coinciden en que junto a causas biológicas existen causas sociales que propician la aparición de esos adolescentes tiranos que esclavizan a sus padres. Por ejemplo la pérdida de la cultura del esfuerzo que ha dejado su sitio a un hedonismo, alimentado por una sociedad permisiva donde ponemos en las manos de nuestros hijos el móvil de última generación, antes de que se lo hubiera merecido. Y lo más triste me resultó comprobar que si ya arrastramos el drama de la violencia de género con ese goteo incesante de mujeres asesinadas, no están mejor las cosas en lo que concierne a la violencia intrafamiliar. De la intervención de la fiscal y de otros presentes se concluyó que en esta materia también adolece nuestra sociedad de la suficiente capacidad de respuesta.

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