La noche de las diez mil fotos

Crónica reposada de la gala que convirtió al alcalde Lores y al jefe de la Policía Local Macenlle en las estrellas del gran día de Pontevedra en Hong Kong

Había hasta un photocall de llamativas proporciones dedicado.
Había hasta un photocall de llamativas proporciones dedicado.

Hay situaciones inaccesibles para la palabra. También para la imagen. Son esos momentos que solo se explican si se viven en directo. La gala que la Asia Spain Association organizó en Hong Kong en deferencia al alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, y a la delegación que lo acompañó para recoger el premio concedido a la capital en el marco del Congreso Internacional de Movilidad es uno de ellos. El regidor nacionalista es uno de esos políticos que se desenvuelve como pez en el agua en la distancia corta. De los que se desenvuelven con cierta soltura para ganarse a la parroquia con su bonhomía y sentido del humor. En la gala, sin embargo, acabó ciertamente abrumado. Que una cosa es asumir un cierto protagonismo en los saraos a los que te invitan y otra bien distinta es verte convertido en una suerte de David Beckham galaico con el que todo el mundo quiere charlar y fotografiarse.

Aventurar el número de fotos que Lores y el jefe de la Policía Local de Pontevedra, Daniel Macenlle, se hicieron con los casi 300 invitados al evento es casi un ejercicio de fe. ¿500? ¿1.000? Imposible saberlo. Lo único cierto es que ni uno ni otro probaron bocado en toda la noche, sumidos como estaban en el juego de la silla. Ahora te levantas, ahora te sientas, y así una y otra vez con una cadencia un tanto estresante. No hubo invitado que no se sacase foto con los grandes protagonistas de la gala, y que no aprovechase la coyuntura para dejarles su tarjeta de presentación. Al final de la cena, Lores y Macenlle parecían esos niños que salen del colegio con el fajo de cromos de sus jugadores preferidos.

Para desentrañar lo que ocurrió en Hong Kong el pasado miércoles hay que conocer la idiosincrasia local. China no va camino de convertirse en la primera potencia económica mundial por su cara bonita. Tampoco porque sean muchos, que eso ayuda, para qué nos vamos a engañar. En realidad, la fórmula del éxito seguramente habite en el hecho de que el país ha convertido los negocios en el deporte nacional. En algo que le da sentido a sus vidas. «Nosotros trabajamos las 24 horas del día, la mayoría de los días del año», explicaba un empresario del sector inmobiliario que figuraba entre los invitados.

Su forma de hacer negocios es excesiva incluso hasta para los españoles, maestros por las tierras de Occidente en esto del compadreo a la hora de cerrar acuerdos. Los chinos también socializan en estos menesteres, solo que a lo grande.

En la gala de Hong Kong no faltó nada: un restaurante con unas vistas impresionantes, actuaciones en directo, regalos, camaradería desbordante, abrazos, medios de comunicación asiáticos... Y fotos, cantidades obscenas de fotos. Por haber, había hasta un photocall de llamativas proporciones dedicado a Lores y Macenlle.

Una pica en Asia

El objetivo, estrechar lazos, conocer dónde, con quién y con qué hacer negocios en las Rías Baixas. ¿Y no es un área pequeña para un despliegue de este nivel?, le preguntó el periodista al empresario. La respuesta no deja lugar a dudas: «No hay mercado pequeño; a nosotros nos interesan todos los lugares en los que se puedan hacer buenos negocios». En definitiva, la derivada china de aquel dicho galaico que dice que «gran a gran, se fai palleiro». Pontevedra ha puesto una pica en Hong Kong.

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