Al banquillo por aparcar coches

El gorrilla condenado por estacionar vehículos habiendo perdido todos los puntos del carné teme terminar entre rejas si no consigue abonar la multa

Pepe y Marta Torrado, quien fue imputada y absuelta por dejarle conducir su coche «dos metros», se fundieron ayer en un abrazo.
Pepe y Marta Torrado, quien fue imputada y absuelta por dejarle conducir su coche «dos metros», se fundieron ayer en un abrazo.

Pontevedra / La Voz

Tiene 62 años, habla cinco idiomas y se llama José Ruiz, aunque muy pocos lo conocen por este nombre y sí por un más coloquial Pepe. Casado y con un hijo de corta edad, el principal sustento que asegura entra en su casa es el que procede de ejercer como gorrilla en Alcalde Hevia, un entorno en el que aterrizó hace veinte años. Ahora, buena parte de su subsistencia está amenazada por la sanción de 1.600 euros que le impuso el juzgado por estacionar coches cuando había perdido todos los puntos del carné.

Desde que trascendió, vecinos y conocidos le muestran su apoyo y, al mismo tiempo, dejan patente que entienden desmesurada la pena. Y más, si se tiene en cuenta que, como el propio Pepe indica, «si no los pago, me meten para dentro», en clara referencia a que un impago de la sanción supondría su ingreso en prisión.

Por lo pronto, en sus tiempos muertos, aprovecha para estudiar el programa de reeducación vial: «Estoy con la autoescuela», confirma, al tiempo que reconoce que le está siendo algo complicado sacar el curso adelante.

La Policía Local de Pontevedra lo denunció dos días seguidos, el 28 y 29 de octubre, por conducir habiendo perdido los puntos del carné. Ayer trascendió que los agentes también denunciaron a una pontevedresa, Marta Torrado, bajo la premisa de que tenía conocimiento de que Pepe carecía de puntos cuando le dejó ponerse al volante de su coche «para moverlo dos metros».

«Estuve imputada en un delito criminal. La policía preguntó de quién era el coche y como era mío, allá fui yo también. Me exponía a doce meses de cárcel y de ahí para arriba», recuerda la pontevedresa. «Nos estamos volviendo locos», añade con la absolución debajo del brazo.

«Salí de la policía temblando, después empecé a llorar y luego no me lo creía», matiza Torrado. así como se pregunta, «pero, ¿qué había hecho? Si yo estaba sentada delante de mi ordenador».

A su lado, Pepe desgrana su vida y sus trabajos en Hong Kong, Bangkok o Singapur -«compraba los pantalones en Hong Kong y los vendía en Bali»-, así como confiesa que la noche de ayer «no dormí pensando en cómo pagar». Por lo pronto se le ha ocurrido un posible solución a su problema: «Haré una hucha y meteré cada día tres euros». Ya ingresaron las primeras monedas.

En apenas unos minutos, varios conductores y vecinos dejan patente el grado de confianza que tienen con este oriundo de Ceuta. Ya no solo se trata de que le dejan las llaves de sus coches para que los aparquen en cuanto haya en hueco, sino que solo tienen buenas palabras sobre su persona. «Honesto», «trabajador» o «buena persona» son algunas de los términos y expresiones que emplean para definir a un histórico de los gorrillas pontevedreses. De hecho, él mismo se considera si no el primer aparcacoches con el que contó Pontevedra, sí que uno de los pioneros. «Yo fui quien empecé esto en la plaza de Barcelos y, después de diez años, me viene a aquí».

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