Con la comida no se juega

El cátering para los centros escolares puede funcionar siempre que se exija un control de calidad de los menús que toman los alumnos, como hace la Fanpa de Pontevedra

Comedor del colegio de Campolongo, que se gestiona desde la Fanpa, esta semana.
Comedor del colegio de Campolongo, que se gestiona desde la Fanpa, esta semana.

El presidente Feijoo y su Gobierno han aprendido una lección que no deberán olvidar: con la comida de los hijos e hijas de miles de familias gallegas, que se alimentan a diario en los comedores escolares, no se juega.

Aquilatar precios a base de adjudicar el servicio de cátering a empresas situadas a más de mil kilómetros de distancia del alumnado al que deben nutrir, resulta, cuando menos, dudoso. Tanto por la composición de la dieta, como por la calidad del producto y, sobre todo, por el lugar donde se cocina y el grado de conservación que exija su transporte.

El conselleiro de Educación, que valore el dato publicado por este periódico, reflexione y actúe en consecuencia: gasta más por plato y día Caritas Vilagarcía (5 euros) que la propia Xunta de Galicia que dedica para alimento de cada niño escolarizado de esa ciudad, 3 euros con 6 céntimos.

Cualquier ciudadano gallego biempensante se preguntará por qué han de ocuparse firmas de cátering foráneas de alimentar a los escolares de nuestra tierra. ¡Claro, se dirá que por cuestión de costes y porque estamos en un libre mercado! Por supuesto. Pero a los 2.800 alumnos de colegios de Arousa, Umia, A Mariña lucense y la comarca de Betanzos que alimentaban las firmas malagueñas denunciadas, les salió el pepino por las orejas. La presencia de esta verdura era tan repetitiva en ensaladas y otros platos que aburrió a los niños gallegos, no habituados a un ingrediente tan específico de la cocina andaluza.

Pero lo peor ha sido la fermentación de caldos, lentejas y otros platos que llegaban en condiciones incomibles. Como le dijeron en un colegio vilagarciano a nuestro colega de La Voz de Arousa, Serxio González, «llevé el caldo fermentado a casa y no lo quisieron comer ni los cerdos».

El problema fundamental radica en la modalidad escogida para la elaboración de los menús. Las denunciadas, a diferencia de otras que operan para Galicia desde Barcelona, Salamanca y León, emplean el sistema de línea fría. Medio cocinaban los platos, interrumpían la cocción, se congelaban, se transportaban hasta una nave donde eran calentados en hornos de recuperación de calor y luego se completaba el traslado hasta cada centro escolar.

Otras en cambio, como Serunión, que lleva el cátering para colegios de la ciudad de Pontevedra, optan por abrir una base operativa cercana (en su caso en Vigo) desde donde precocina y luego traslada hasta los colegios

Me explicaba Roxelio Carballo, presidente de la Federación Provincial de Anpa de Centros Públicos (Fanpa) de Pontevedra que sin duda ha sido precursora en la búsqueda de las mejores soluciones desde que los recortes impusieron el copago, que «solo a base de estar muy encima de las empresas de cátering, se puede garantizar un control de calidad de la alimentación de nuestros hijos».

Si la oferta de firmas como las dos denunciadas ya era bajista de por sí (un millón cuatrocientos mil euros por suministrar los menús de 23 colegios), dado que se trata de mercantiles que están para ganar dinero, resulta obvio que por algún lado tendrán que rascar para obtener el margen de beneficio.

Las Anpa de la ciudad de Pontevedra y el Concello han optado desde hace unos años por sortear el impacto de los recortes con convenios. La Fanpa se encarga de la gestión de los comedores y de vigilar la calidad de los menús y el Concello aporta una ayuda económica de más de 200.000 euros para contribuir a la financiación de este servicio y otros como el plan Madruga. Evidentemente con eso no llega y para completar, cada familia aporta en función de un baremo, el complemento económico que corresponde a cada caso, del orden de algo más de cuatro euros por alumno.

Dado que los pliegos de contratación del servicio de comedor son los mismos en cada caso, la clave para estar encima de la empresa de cátering de turno es la vigilancia. En ese sentido la Fanpa de Pontevedra ha establecido un programa de control de calidad que desarrollan los propios padres en funciones de delegados que, con cierta cadencia, comen el mismo menú que los rapaces para verificar condiciones, cantidades y calidades de las raciones.

En suma, se trata de la aplicación lógica del viejo principio del consumo: quien paga, exige.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
16 votos
Comentarios

Con la comida no se juega