Jaque a Rey

Inédito enfrentamiento entre la única concejala y un sector de la ejecutiva local del partido emergente, que sospecha que acabará en los brazos políticos de Lores

Un sector de su propio partido, Ciudadanos, pretende moverle la silla a María Rey.
Un sector de su propio partido, Ciudadanos, pretende moverle la silla a María Rey.

No han transcurrido tres meses de las elecciones municipales y ya tenemos la primera crisis en el seno de la corporación local. La situación ocurrida en torno a María Rey, la única concejala de Ciudadanos ha introducido el primer factor de potencial reajuste de la correlación de fuerzas. Sobre todo si llevasen razón los que critican a la concejala de C?s por su aparente proximidad con el gabinete de Lores hasta el punto de calificarla como «edil número 13 del BNG» y achacarle «un pacto encubierto» con los nacionalistas. Lo que en caso de confirmarse supondría una alteración del veredicto electoral del 24 de mayo. De un modo? ¿inesperado? Quizás no.

La situación es inédita en la historia reciente del consistorio. En años precedentes hemos tenido varios ejemplos de disidentes que en la mayoría de los casos han terminado entregando el acta y marchándose para casa. Salvo excepciones como Pepe Rivas Fontán y más recientemente María Biempica, quienes optaron por desclasarse y convertirse en concejales «no adscritos» hasta completar legislatura.

En general esta casuística ha sido propia del centroderecha porque la izquierda y los nacionalistas suelen tapar mejor sus vergüenzas.

En la situación que nos ocupa hay varias peculiaridades. Primera: María Rey ha sido desautorizada en Pontevedra por la mayoría de la ejecutiva local de su partido que le reclamó que entregue el acta y cese en el Concello y, en cambio, acaba de recibir el respaldo de la dirección nacional desde Barcelona, que aboga por su continuidad en el escaño municipal y entiende que la concejala no ha actuado de modo contradictorio con los principios del partido.

Segunda peculiaridad: es cierto que desde el inicio de la legislatura, María Rey ha tenido un comportamiento que podría parecer chocante al asistir como oyente a las sesiones de la junta de gobierno del gabinete nacionalista, aceptando una invitación de Fernández Lores que ningún otro concejal ni grupo de la oposición han atendido. PSOE, PP y Marea valoraron que era un paripé mientras María Rey lo aceptó como «un ejercicio de transparencia». Pero no se le puede achacar que en el único pleno municipal celebrado votase con el BNG ya que incluso apoyó la moción contra los toros de Marea. En todo caso, se le podría reprobar que fue un singular desmarque de las tesis de Albert Rivera, quien no está en contra de los espectáculos taurinos.

Y tercera: Miguel Anxo Fernández Lores que tiene miles de horas de vuelo político, algo ha tenido que olfatear cuando propuso a la concejala de Ciudadanos que se integre con alguna función en el equipo de gobierno municipal, oferta en principio desestimada por Rey Martínez pero que sigue sobre la mesa. No creo que nadie, salvo quizás el propio alcalde, pueda imaginar que un posible aliado del BNG para abrochar la mayoría absoluta en este cuatrienio podría aparecer desde la derecha.

Los críticos locales de C?s sugieren que hay intereses ajenos a la política para explicarse lo que sospechan mientras que la aludida ha respondido que se verá en el juzgado con quien mantenga una acusación de ese cariz y se niega a «entrar en juegos sucios». Entretanto La Voz de Galicia ha contado esta semana que el regalo de una valla publicitaria por un empresario local a la candidata de C?s en plena campaña electoral fue lo que levantó las primeras sospechas entre algunos de sus compañeros de la agrupación local, extrañados por la naturaleza de semejante dádiva cuando estaban tiesos como la mojama de fondos económicos.

El nivel de la divergencia es mayúsculo y la intervención, en modo remoto de la dirección del partido, a través de Fran Hervías, el número dos de Ciudadanos no garantiza que se ha ya cerrado la crisis, sino simplemente que se ha aplazado la solución de la misma.

Como en tantas otras facetas de la vida, el tiempo será el soberano que dicte sentencia. Pero entretanto, Albert Rivera debería hacérselo mirar. Pontevedra es la última urbe gallega donde su partido, aún incipiente en nuestra comunidad, suma otro episodio de inestabilidad.

Ciudadanos está pasando una crisis de crecimiento. No solo en Galicia. También en Asturias o en Valencia. Pasar en solo nueve años de existencia de ser el sexto partido de Cataluña a convertirse en un posible árbitro de la gobernabilidad del Estado a partir de noviembre es una conversión muy difícil de sobrellevar sin convulsiones ni arribistas.

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