Un ariete bendecido para el gol

Borjas Martín recurrió en Astorga a la ayuda divina para zanjar una sequía de 14 jornadas, que se transformó en una racha de 11 goles en 10 partidos


pontevedra / la voz

El Pontevedra se ha hecho con los servicios de Borjas Martín, un futbolista con un enorme potencial y con unos registros de matador del área, que saltaba a finales del 2014 a la palestra nacional por su peculiar historia con las botas de fútbol, que tras ser bendecidas por el párroco de Astorga, le catapultaron a reecontrarse con su olfato ante la meta rival.

Aunque parezca increíble, desde la actuación del religioso, el idilio del ariete canario se reavivó y solo tres días después empezaba una racha que se zanjaría con once tantos en diez partidos.

Todo empezó cuando Borjas ficha por el Astorga. Su mejor carta de presentación entonces habían lo más de 20 goles que le concedieron el mérito de ser el mejor goleador de la Tercera canaria, hace ya un par de temporadas.

Ese pasaporte le permitió abandonar La Palma y el Mensajero para iniciar su carrera futbolística en la península. Había muchas esperanzas depositadas en él pero los goles no llegaban. La lesión de un compañero hizo que se tuviese que hacer cargo de la faceta realizadora, pero el gol se resistía. El canario habló con la presidenta de la entidad maragata, Sagrario González, para exponerle el caso y para deslizar que un encuentro con el religioso podría ser el remedio a su sequía.

La máxima mandataria cumplió el deseo de su delantero, el cura bendijo las botas del canario y solo tres días después, en el primer partido que tuvo, la meta rival se perforó. Asombro y júbilo en el círculo más cerrado del club castellano y tremendo alivio del ariete. Y es que la procesión iba por dentro y por fin pudo sacarse la espina que llevaba clavada desde pretemporada.

Borjas había recuperado la sonrisa. Su fe le había ayudado a que su plano espiritual curase a su plano físico y los goles siguieron cayendo, a tal ritmo que en diez partidos firmó once dianas para asombro de propios y extraños, datos que confirmaban su talla como delantero.

Ahora, Borjas -que es lo que pone su DNI, aunque en las islas le conocen por Borja- recuerda aquel episodio con mucho cariño y aseguró ayer a La Voz, todavía en tierras canarias (será presentado en la mañana de hoy a las 13.30 horas en el estadio municipal de Pasarón) que «al llegar a Pontevedra también bendeciré las botas, aunque espero que no me haga falta esta vez».

El isleño da un paso al frente en su carrera. Conoce la categoría y ha visto a los que a partir de hoy serán sus nuevos compañeros «durante el play-off ante el Mensajero. En la ida estuve en el estadio y la vuelta la vi por la tele», aunque reconoce que no tiene relación previa con ninguno de los futbolistas granates.

Todo empezó en La Palma

Aunque la repercusión de la historia de Borjas adquirió sus máximas cotas en su etapa en Astorga, lo cierto es que era la segunda vez que ocurría. Dos años antes, en el Mensajero se vivió una situación idéntica. Por entonces, el futbolista acudió a la iglesia y como pasaría dos temporadas después, encontró el camino hacia su particular resurreción futbolística.

Los que le conocen dicen que es un gran jugador, que además era uno de los pretendidos del Mensajero (donde ya ha jugado y donde se le esperaba con los brazos abiertos). Ahora, cambia los colores de los canarios por los que se han convertido en sus enemigos deportivos más severos en los últimos tiempos tras aquella infausta ronda previa de campeones para los intereses lerezanos.

Borjas pone su cuentakilómetros personal a cero. Está deseoso de aportarle cosas al equipo de Luisito, de ganarse un puesto y de hacerse un hueco en el corazón de los aficionados granates. En caso de que el gol se resistiese, no dudará en volver a recurrir a una fórmula que hasta ahora siempre le ha funcionado.

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