Una cicatriz mal cerrada

El caso de la química Brenntag evoca el peor desastre ecológico por vertido a un río de Galicia cuyo rastro todavía es muy evidente


Brenntag es una cicatriz que aún escuece entre las poblaciones pontevedresas que fueron directamente alcanzadas por aquel accidente industrial. La mera mención del nombre de la empresa evoca una herida mal curada en la historia medioambiental de Galicia. El peor desastre ecológico por un vertido contaminante a un río de esta comunidad autónoma que produjo una mortandad masiva de fauna en un radio de 7 kilómetros.

La presencia todavía evidente de las tuberías provisionales y demás material que hace casi 10 años se instaló como medida de emergencia en el cauce del Umia para intentar minimizar la contaminación procedente de la explosión de esa planta química, denota que fue una crisis mal cerrada. En todos los sentidos.

Convendrá recordar que el caso llegó a juicio y la sentencia del Juzgado de lo Penal 1 de Pontevedra absolvió a los empleados de la química que habían sido procesados, mientras que la firma alemana zafó con una indemnización. Cinco millones y medio de euros que satisfizo a la Xunta de Galicia y antes del juicio, como si previnieran lo que ocurrió con la sentencia. Pero se ahorraron casi la mitad (inicialmente la Administración demandaba cerca de 10 millones por los daños ocasionados).

La otra parte del compromiso adquirido por Brenntag con la Xunta requería su colaboración económica para sufragar el llamado plan Migranet que, según se decía, era un programa de seguimiento del estado del río Umia. Para la Administración autonómica el caso está archivado. Pero la realidad es tozuda.

Como denunció el viernes este mismo periódico, el abandono de tuberías, plásticos y demás arsenal en el lecho del río resulta tan hiriente a la vista y para el recuerdo de los vecinos de toda la cuenca del Umia como si aún permaneciesen en la bocana de las Rías Baixas y las barreras anticontaminantes que se desplegaron cuando la crisis del petrolero Prestige.

Seguramente la dimensión de una y otra tragedia y su respectivo eco mediático explican semejante diferencia.

No obstante, hay una cuestión de fondo insoslayable: medio ambiente y saneamiento dan para rellenar muchos argumentarios políticos pues resulta un espacio muy propicio para el postureo. Las hemerotecas, fonotecas y videotecas están plagadas de declaraciones pomposas y promesas huecas. ¡Qué no sabremos, por ejemplo, los pontevedreses de la capital con lo que hemos visto, leído y escuchado a unos y otros sobre Ence en los últimos 20 años!

Pero cuando el candidato toca poder y ejerce cargo público prefiere invertir en aceras que en tuberías porque resulta más visible aunque sea menos ecológico.

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