«Los otros días, un viaje y ya está»

Rebajas, sonrisas y gran afluencia de gente en el último día de barracas en Pontevedra


pontevedra / la voz

Lo llaman el día del niño pero bien podrían llamarlo día de los padres. Al fin y al cabo es su bolsillo el que ayer tomó un poco de aire en comparación al resto de la semana.

Como marca la tradición, y aunque las fiestas de la Peregrina hayan ya finalizado, las atracciones y puestos ambulantes ofrecen un día extra de ocio y diversión, promulgando una rebaja general en los precios. Una especie de bonus track al final de la cinta, que permite alargar durante un día, esa visita obligada a la Alameda a raíz de las fiestas.

Cientos de personas pasearon y disfrutaron de esta última oportunidad de ocio, al menos, hasta el año que viene. Desde las seis de la tarde, el movimiento de cadenas humanas alrededor de las barracas y los mercadillos era un hecho remarcable y tangible. Ni el calor, ni las esperas mermaron la paciencia de los más pequeños, que disfrutaban incansables de sus cortos viajes. Bajo la atenta mirada de sus progenitores, recorrían la calle en busca de su siguiente experiencia, ya fuera a lomos de una moto de policía, saltando hasta el cielo en una cama elástica o probando puntería al disparar proyectiles contra latas vacías.

Algunos de los infantes más valientes se atrevieron a dar el siguiente paso y probaban a montar en las atracciones más grandes. Bien es cierto, que la mayoría subían con un adulto a su lado, no fuera a ser que la situación se pusiera desfavorable. El barco pirata y sus jaulas, el saltamontes o la atemporal noria, se perfilaban como las barracas más reclamadas.

Si bien, las colas no eran excesivas, la jornada simuló ser fructifera para todas las partes. Los precios de los viajes fluctuaban entre el euro cincuenta y los tres euros. Mucho más asequible que el resto de la semana. «Hoy podemos llevarlos a varias atracciones distintas un par de veces. Los otros días, un viaje por día y ya está», aseguraba un padre mientras su hija pequeña disfrutaba de la experiencia mecánica. «Hay que cortarse mucho. Compensa esperar a este día», finaliza el progenitor, a espera del agudo pitido que indica el fin del trayecto.

Así, entre sonrisas y palmas, pruebas de valor para algunos, paciencia bajo el sol y un esfuerzo para el bolsillo, terminaban unas fiestas colmadas de gente. A lo largo de los venideros días, se procederá al desmontaje y posterior desalojo de las atracciones de la zona. Tarea que se agilizará y realizará más rápido de lo habitual, debido a la veloz aproximación de la Vuelta Ciclista a España 2013.

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